Getsemaní: de la luz de la Transfiguración a la oscuridad de la Agonía

El miércoles 10 de marzo, en la basílica de Getsemaní, llamada “de la Agonía” o “Basílica de todas las Naciones”, tuvo lugar la segunda peregrinación de Cuaresma. Aquí, según la tradición, se conmemora la agonía y la oración del Señor para prepararse para su pasión.

La actual basílica, que comenzó a construirse en 1919, fue consagrada en 1924 y se levanta sobre un eje situado en el punto de encuentro entre el perímetro de la iglesia bizantina encontrada durante las obras de construcción del nuevo santuario y la iglesia de época cruzada dedicada al Santísimo Salvador. Entre la Gruta de la Traición y la Roca de Getsemaní se extiende un huerto lleno de numerosos y antiquísimos olivos, algunos de los cuales se han vallado a la entrada del santuario. Como confirma un estudio reciente, los olivos más viejos proceden de una cepa más antigua, probablemente contemporánea a Jesús.

La celebración eucarística fue presidida por fray Donaciano Paredes Rivera, maestro de los estudiantes de teología que viven en el convento de San Salvador. Pronunció la homilía nuevamente el padre Lukasz Popko, dominico y profesor de la École Biblique et Archéologique Française de Jerusalén, que ha sido elegido para acompañar a los franciscanos con su predicación durante esta Cuaresma.  El padre Lukasz, en su comentario a las lecturas, se centró en las similitudes entre el momento de la Transfiguración y el de la Agonía, descrito en el pasaje del evangelio del día. “Hay algo en común entre el misterio de la agonía y la transfiguración: nos encontramos con los mismos discípulos, hay una montaña, aparece el diálogo con el Padre”, comentaba el padre Popko.  “Pero aquí hay algo muy interesante, un gesto en particular: de hecho, si leemos el evangelio de Marcos, está claro que Jesús suele rezar solo; nadie oye sus palabras. La agonía, sin embargo, a diferencia de la transfiguración, es el momento de una revelación de otro tipo y por eso Él involucra a los discípulos en su oración: no en la luz, como durante la transfiguración, sino en la noche

Jesús, aquí, revela que su comunión con el Padre es aún más profunda de lo que parece”.

Las palabras del predicador en este lugar concreto coincidían con la intención del arquitecto Antonio Barluzzi, que quiso que la basílica de Getsemaní, con su particular arquitectura y sus vidrieras de alabastro azulado, que crean una atmósfera de penumbra, recordasen ese momento de la vida de Jesús y así pudieran invitar al diálogo profundo con Dios Padre, a revivir el momento de comunión profunda de Jesús en aquella noche.

En otro momento, la homilía habló del abandono final de Jesús, después de su oración sobre la piedra que se encuentra en el centro de la basílica y sobre la que se asienta.  “Esta piedra que vemos bajo el altar es especial: cada uno de nosotros debe venir personalmente a decir ‘hágase tu voluntad’, como Jesús, y no hay nadie más que pueda hacerlo en nuestro lugar.  Si lo pensamos, todas nuestras oraciones y liturgias se reducen a este ‘hágase tu voluntad’, ‘me encomiendo a tus manos’.

Para concluir, el padre Popko subrayó que el mensaje evangélico más profundo que podemos llevar al mundo es celebrar lo que sucede en esa noche descrita en el Evangelio, es decir, la plena comunión de Jesús con el Padre, así como su plena adhesión a la voluntad del Padre: esa noche no es una noche de soledad, sino una noche de Evangelio.

“En esta conmemoración de la pasión de Nuestro Señor Jesucristo, la fraternidad franciscana quiere dar las gracias a todos los presentes, aunque no seamos muchos”, dijo para terminar el superior del convento, fray Benito Choque. “Es importante seguir rezando en estos lugares en los que el Señor derramó su divina sangre por nuestra salvación. Que nuestra oración se una al sufrimiento de Jesús y sirva de intercesión para toda la humanidad, especialmente necesitada en este tiempo de sufrimiento e incertidumbre”.

 

Giovanni Malaspina