Esperanza entre las ruinas: el camino de los frailes de la Custodia de Tierra Santa en el corazón de Siria

El Capítulo zonal de los frailes franciscanos de la Custodia de Tierra Santa en Siria concluyó después de días de intensa espiritualidad y diálogo fraterno. No fue solo una cita institucional, sino una auténtica peregrinación entre las heridas y las esperanzas de una tierra que, a pesar de años de aislamiento y sufrimiento, continúa gritando su deseo de vida. Desde las aulas de reflexión de Knayeh hasta las piedras heridas de Yacoubieh y Ghassanieh, los frailes trazaron el rumbo para el futuro de la presencia franciscana en Siria.

Una fraternidad que se hace carne y escucha

El corazón del Capítulo fue el discernimiento sobre la calidad de la vida religiosa. Durante la segunda jornada, después de celebrar la Eucaristía con los niños y los fieles de Knayeh, los frailes se pusieron en escucha mutua para reflexionar sobre la fraternidad como ambiente vital. En un clima de gran honestidad, el diálogo se centró en la necesidad de superar el individualismo para redescubrir la belleza de la obediencia mutua y de la compartición espiritual.

Se discutió cómo equilibrar el incansable servicio pastoral con una vida de oración que sea verdadero alimento. En este contexto, la vulnerabilidad y la disminución numérica fueron releídas no como una derrota, sino como una oportunidad para ejercer la minoridad franciscana. La jornada encontró su culminación en la visita a las familias locales, en particular a la de un Fray originario del Valle del Orontes: un gesto que hizo concreta la idea de que todo lazo de sangre, en esta misión, se amplía hasta convertirse en familia para toda la comunidad.

Una señal de vida: el regreso de las familias

La elección de celebrar el Capítulo precisamente en estos pueblos del Valle del Orontes tuvo un significado profundo: dar ánimo a quienes decidieron quedarse o regresar. En los últimos tiempos, de hecho, se ha asistido a un fenómeno de esperanza: varias familias han comenzado a volver a habitar sus casas en los tres pueblos de Knayeh, Yacoubieh y Jidayde.

Este regreso fue posible gracias a la presencia ininterrumpida de los frailes que, incluso en los momentos más oscuros, nunca abandonaron la misión, garantizando servicios esenciales y abriendo recientemente la "Terra Santa School". Ver a jóvenes parejas que deciden apostar por el futuro, volviendo a trabajar la tierra y a reconstruir sus viviendas, es la señal de que la vida está venciendo a la destrucción. Los frailes quisieron estar allí precisamente para confirmar este apoyo y animar a otros a no tener miedo de comenzar de nuevo.

Yacoubieh: el regreso del Custodio y el valor de la fidelidad

La tercera jornada marcó un momento histórico: el regreso del Custodio a Yacoubieh después de catorce años. La Misa solemne, que reunió a los fieles de Knayeh, Yacoubieh y Jidayde, estuvo llena de emoción. El Custodio, visiblemente emocionado, subrayó cómo la fe de los cristianos sirios es un don precioso para la Iglesia universal: "Si con una mano pedía ayudas materiales para ustedes, cuando desempeñaba el servicio de comisario de Tierra Santa, con la otra documentaba su fe que llegó al mundo entero."

A través de la metáfora del "yugo" de Jesús, el Custodio animó a los presentes a no llevar la cruz solos, sino a permanecer unidos a Cristo para que el arado de su vida pueda seguir sembrando el bien. La bendición de una estatua de San José quedó como signo tangible de protección sobre un pueblo que, a pesar de las cicatrices de los bombardeos y del reciente terremoto, nunca ha dejado de esperar.

Más allá de las fronteras: comunicación y sueños de reconstrucción

La última fase del Capítulo dirigió la mirada hacia el futuro próximo y hacia los nuevos desafíos de la modernidad. Los frailes discutieron la importancia de utilizar las redes sociales para hacer llegar la voz de la misión siria a cada rincón de la tierra, transformando la comunicación en un instrumento de cercanía y testimonio global.

Particularmente significativa fue la visita a Ghassanieh, pueblo actualmente abandonado y marcado por una destrucción casi total. Permanecer entre las ruinas del convento y de la iglesia no fue solo un acto de memoria, sino una declaración de intenciones: el deseo de la Custodia es rehabilitar estas estructuras para animar a los fieles a regresar y reconstruir sus casas. La presencia del Custodio en aquel lugar silencioso reavivó la esperanza de una futura reapertura de la misión.

Hacia la resurrección

El Capítulo concluyó con la adopción de pasos concretos para fortalecer una presencia que quiere ser fraterna, contemplativa y evangélica. Los frailes de Siria regresan a sus servicios en Alepo, Damasco, Lattakia y en el Valle del Orontes con una certeza renovada: a pesar de mil dificultades, ser un don los unos para los otros es el camino maestro para anunciar la resurrección de este País martirizado.

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