En el Monte Tabor por la Transfiguración de Jesús

También este año, el jueves 6 de agosto se celebró la Transfiguración de Jesús en el santuario que conmemora este hecho, situado justo en la cima del Monte Tabor

La gran fiesta, a la que acudieron cristianos locales y peregrinos desde la tarde anterior para acampar en el Monte, sufrió las limitaciones debidas al coronavirus, que obligó a los frailes de la Custodia a restringir la celebración a la participación solo de los frailes de la comunidad que vive en el Tabor y a otros franciscanos llegados para la ocasión.

El Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton, que presidió la Eucaristía, en su introducción mencionó los hechos de Beirut diciendo “queremos rezar de manera especial por el pueblo libanés, por la ciudad de Beirut, gravemente afectada.  Pedimos el don de la vida eterna por los difuntos, la curación de los heridos, el consuelo del corazón y la esperanza de un futuro mejor y de paz para todos”.

Tras la lectura del Evangelio, fray Patton orientó su homilía sobre la manifestación de Dios que sucedió en este lugar.  “Hay momentos en nuestra vida durante los que el Señor Jesucristo se nos manifiesta de forma especialmente intensa”, dijo el Custodia de Tierra Santa. “Son momentos que podría definir como luminosos, momentos en que Dios se manifiesta y se nos revela de una manera más evidente; son momentos que dejan en el corazón una certeza sobre la persona de Jesús y nuestra relación con Él”. La Transfiguración de la que nos habla en Evangelio es uno de estos momentos necesarios que hay que llevar siempre en la memoria del corazón. “Si no conservamos estas experiencias luminosas en la memoria del corazón, nuestra fe será fácilmente superada en los momentos de prueba, de dolor, de dificultad”.

La comunidad de franciscanos de la Custodia se estableció en el monte a partir de 1631, gracias a la benevolencia del emir druso Fakhr al-Din, pero existen testimonios de las peregrinaciones anuales del 6 de agosto ya a partir de 1620, año en que los franciscanos volvieron a vivir en Nazaret.

La hipótesis es que la tierra alta ya estaba habitada en la era cananea, lo que refuerza la idea de que sobre el Tabor existía un santuario del dios Baal, cuyo culto fue exportado a Rodas, donde había un santuario de Zeus Atabyrios, en el que“Zeus” era la principal divinidad de los cananeos y el adjetivo Atabyrios indicaba su procedencia del Tabor, cuyo nombre griego era Atabyrion. En varios momentos de guerra, el monte se convirtióen lugar de refugio para los habitantes de toda la zona. De hecho, la cima fue rodeada de una muralla ya en tiempos de la batalla de los hebreos contra los cananeos, de nuevo en tiempos de Flavio Josefo en la guerra contra los romanos, y luego también en época cruzada.

Pocos testimonios atestiguan el pasado del Monte. Ya a partir del peregrino de Piacenza, podemos leer que en el 570 había tres basílicas, en paralelo con las “tres tiendas” de la que nos hablan los Evangelios; sin embargo, un documento de la época de Carlomagno habla de la presencia de cuatro iglesias atendidas por 18 monjes. Después de la derrota de los cristianos en los Cuernos de Hattin, el Tabor fue abandonado. Fue gracias a Federico II de Suabia y a su tratado de paz con el sultán Al-Kamil cuando los monjes volvieron al monte hasta 1263, cuando las iglesias fueron destruidas de nuevo.

Al final de la celebración, en procesión, la delegación de frailes se trasladó a la Capilla Descendendibus, situada en la entrada – o a la salida – del santuario del Tabor.  En este lugar, según la tradición, Jesús dijo a sus discípulos que no contaran a nadie lo que habían visto hasta que “el Hijo del hombre no haya resucitado de entre los muertos” (Mt 17,9).  Allí el Custodio entregó a los frailes unas ramitas de la encina del Tabor, planta perenne situada a espaldas de la Iglesia, símbolo y recuerdo del lugar y de la celebración.

 

Giovanni Malaspina