En el lugar de la condena de Jesús en Jerusalén

La última etapa del camino cuaresmal de los frailes de Tierra Santa a los lugares de la Pasión de Jesús fue el miércoles 24 de marzo en la capilla de la Condena del Señor. La capilla se encuentra en el complejo del convento de la Flagelación, construido donde antiguamente se hallaba la “fortaleza Antonia” en la Ciudad Vieja de Jerusalén.  El suelo de la capilla presenta aun hoy grandes losas (visibles también en el cercano santuario del Ecce Homo) y ha sido identificado como el Litóstroto, del latín lithostrotum, que significa precisamente “pavimentado con piedras”, es decir el tribunal donde se sentó Pilato cuando condenó a muerte a Jesús (Jn 19, 16-22).  De allí salió Jesús cargando la cruz hasta el lugar de su crucifixión y por eso todos los peregrinos que recorren el camino de Jesús por la Vía Dolorosa en Jerusalén, parten de este lugar.

En la capilla de la Condena se celebró una misa solemne, presidida por fray Gregor Geiger, docente del Studium Biblicum Franciscanum, la Facultad de Ciencias Bíblicas y Arqueología Bíblico-Cristiana que tiene su sede precisamente en el convento de la Flagelación desde 1923.

En su homilía, fray Frédéric Manns, también profesor en el Studium Biblicum Franciscanum, recorrió el camino trazado por las lecturas recién proclamadas, destacando cómo la figura de Jesús realiza todo lo ya anunciado en el Antiguo Testamento.  “Igual que Isaac estuvo atado para ser sacrificado por su padre Abrahán (Génesís 22, 1-18), Jesús estuvo atado para ser llevado por Pilato”, dijo fray Manns.  También Moisés es una prefiguración de Jesús en la cruz portador de la victoria, si nos referimos al episodio en que Moisés, con los brazos abiertos en oración, consigue que Josué gane en la batalla (Éxodo 17). El sacerdote también quiso destacar el vínculo de Jesús con los oráculos mesiánicos del Antiguo Testamento, como en el capítulo 11 de Isaías, y su representación como rey y, al mismo tiempo, pastor del rebaño.

“En este santuario debemos recordar hoy a todos los peregrinos que han pasado por aquí. Oremos por ellos, y para que puedan volver pronto en gran número”, concluyó fray Frédéric Manns. 

Tras recordar el llanto de Jesús por Jerusalén, su oración en Getsemaní, el momento de su flagelación y después la peregrinación a Betania, los frailes de la Custodia de Tierra Santa terminaron así las peregrinaciones cuaresmales en el lugar de la condena de Jesús.  En nombre de la Iglesia, en la oración de los fieles elevaron una súplica con una sola voz: “Aquí, donde Jesús fue expuesto a la multitud, inocente y condenado, rechazado y humillado, rogemos a Dios para que nos haga conscientes de cuán grande y fiel es su amor por nosotros”.


 

Beatrice Guarrera