En el lugar de la Ascensión de Jesús en Jerusalén

“En el lugar de la Ascensión, donde Jesús confió a sus discípulos la misión de ser testigos de la Buena Noticia, queremos invocar la paz, la paz para todo el mundo, la paz para Jerusalén, especialmente en estos días”. El vicario de la Custodia de Tierra Santa, fray Dobromir Jasztal, quiso empezar con estas palabras la celebración de la misa de la Ascensión que tuvo lugar el jueves 13 de mayo, en la capilla situada en el Monte de los OIivos en Jerusalén. “Queremos invocar también el don del Espíritu Santo para que ilumine el corazón de los gobernantes, e ilumine la mente de todos, para que con diálogo y respeto mutuo se pueda lograr la solución de los problemas”, añadió el vicario.

Las celebraciones en Jerusalén comenzaron ya la tarde del 12 de mayo con el ingreso solemne en la capilla de la Ascensión de fray Dobromir Jasztal, seguido de la oración de las Primeras Vísperas. Después, en procesión, los frailes franciscanos cantaron las letanías de los santos, dando tres vueltas alrededor del edículo de la Ascensión de la época cruzada.

Debido a las tensiones actuales, este año, la víspera no se celebró la tradicional oración de Completas en la capilla y la del oficio nocturno, pero la basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén permaneció abierta para una oración nocturna especial con motivo de la fiesta.

Sin embargo, como siempre, se celebró la misa matutina de la Custodia seguida de la celebrada por la parroquia latina de Jerusalén en lengua árabe.

“Queridos hermanos, también nosotros, reunidos hoy en el Monte de los Olivos, en el lugar que es testigo del episodio que celebramos, querríamos comprender aún más el misterio de la Ascensión – dijo en la homilía el vicario custodial –. Nos gustaría sentir la presencia del Señor que acompaña nuestra vida y nuestra misión y al mismo tiempo fortalecer la fe en que, donde él ascendió, estaremos también nosotros [...].  El camino, la condición, es solo una: ser discípulos de Jesús como quienes ponen en práctica la palabra que ha sido sembrada en nosotros y no solo como oyentes que se engañan a sí mismos”. Unidos a Jesús, será luego tarea de cada uno responder a la llamada de Dios para ser sus testigos en el mundo. “Como entonces, también hoy, el mundo, este país y Jerusalén misma necesitan ser liberados del demonio de la envidia, de la maldad y del odio. Quizá será difícil aprender varios idiomas para comunicarse con muchos, pero será sencillo hablar un nuevo idioma que todos comprendan: el de la caridad y del amor fraterno que enseñó Jesús”, concluyó fray Dobromir.

Los primeros cristianos recordaban la Ascensión reuniéndose en una gruta que se encuentra en la cima del Monte de los Olivos, donde hacia el año 390, después del edicto de Constantino, se construyó una primera iglesia a instancias de Poimenia, una devota romana. Sin embargo, según los escritos de Eusebio, la misma iglesia se remontaría al 333 y fue mandada construir por Constantino por deseo de su madre Elena. Después de ser destruida hasta dos veces, fue reconstruida por los cruzados, antes de ser derruida por los musulmanes, que tan solo dejaron en pie el edículo octogonal que todavía existe. Desde 1190, cuando fue comprado por los emisarios de Saladino, el lugar sigue siendo propiedad del waqf islámico de Jerusalén y se ha transformado en mezquita, que sin embargo no se usa para el culto. Sobre la roca conservada en el edículo, la tradición reconoce la huella del pie derecho de Jesús.

 

Beatrice Guarrera