En Belén, conmemoración de la matanza de los inocentes

Grotto of the Holy Innocents, Bethlehem
Grotto of the Holy Innocents, Bethlehem

Tres días después de Navidad, se celebró en Belén otra importante solemnidad: la de los Santos Inocentes. De hecho, el 28 de diciembre la Iglesia conmemora el episodio del Evangelio según Mateo (2, 1-16), en el que se narra la masacre de los niños de Belén menores de dos años, ordenada por el rey Herodes en su intento de matar a Jesús, tras haber sido informado por los Reyes Magos del nacimiento del Mesías.

La solemnidad se llevó a cabo en el lugar donde la tradición sitúa la tumba de los santos inocentes, donde quizá se encontraba una fosa común. Se trata de la gruta de los Santos Inocentes, adyacente a la gruta de San José, unida a su vez a la de la Natividad a través de un pasaje que solo se abre con motivo de celebraciones oficiales.  Allí el ángel habló a José en sueños para encargarle que huyera a Egipto y salvara a Jesús de la masacre decretada por Herodes.

Precisamente en el altar de San José se celebró la misa de los Santos Inocentes, a la que asistió la fraternidad franciscana de Belén, junto con miembros de otras comunidades religiosas locales, hasta un máximo de unas cuarenta personas.  De hecho, la celebración no pudo ser presidida, como siempre, por el vicario custodial, debido a las dificultades de desplazamiento por el nuevo confinamiento decidido por las autoridades israelíes para evitar la propagación del coronavirus.

“La solemnidad de hoy significa recordar a los niños asesinados hace muchos años justo en el lugar de los Santos Inocentes – afirmaba fray Luis Enrique Segovia Marí, guardián de la fraternidad franciscana de Belén –. El Evangelio nos muestra un rey y un niño, el enfrentamiento entre el bien y el mal, la luz y las tinieblas. Al final, el mal nunca prevalece, sino que vence el bien. Dejémonos también interpelar por los niños que en la actualidad no tienen madre o padre, o viven momentos difíciles”. El franciscano recordó una de las realidades de Belén que se ocupa de acoger a niños con problemas de salud y familiares: la de las hermanas del Verbo Encarnado de Belén.

Debido a la pandemia hay mucha pobreza, así como muchas situaciones difíciles de afrontar, y los pequeños son los que más sufren – dijo fray Segovia –. Hoy queremos renovar nuestro compromiso para que estas atrocidades del pasado no vuelvan a suceder y para proteger la vida de nuestros niños, que son el futuro de la comunidad. Este lugar también nos hace recordar a todos esos niños que murieron sin saber por qué. Son un testimonio silencioso de la entrega de la vida por causa de la fe”.

 

El guardián de la fraternidad franciscana de Belén recordó también el compromiso de los frailes de la Custodia de Tierra Santa durante este tiempo de pandemia: “nuestra comunidad de Belén y la del Campo de los Pastores han mantenido siempre su labor de acogida a los que vienen para participar en las celebraciones propias de este lugar. La puerta de la iglesia siempre ha estado abierta, aunque ya no haya peregrinos.  Esta es una experiencia nueva para nosotros, pero incluso en este silencio Dios quiere hablarnos. A través de esta pandemia, Dios quiere decirnos algo más”.


 

Beatrice Guarrera