Emaús El-Qubeibeh: lunes de Pascua de la Custodia

El lunes del ángel, día después de Pascua, el Evangelio narra el episodio de los dos discípulos caminando hacia una población a 60 estadios de distancia de Jerusalén, llamada Emaús. El 5 de abril, también los franciscanos de la Custodia, encabezados por el Custodio de Tierra Santa fray Francesco Patton, conmemoraron este pasaje evangélico en el santuario franciscano de El-Qubeibeh.

Basílica de la Manifestación de Nuestro Señor Jesucristo. Este es el nombre del santuario donde se venera la aparición de Cristo resucitado tras la resurrección. Sobre el lugar exacto, el evangelio precisa el nombre y la distancia (60 estadios, unidad de medida de longitud para los romanos, que corresponde a unos 11km). El-Qubeibeh es el lugar al que se ha reconocido más recientemente el título de Emaús: los bizantinos habían identificado otro sitio a varios kilómetros de distancia, Nicópolis, donde todavía existe un santuario, pero los cruzados lo trasladaron a Abu Gosh porque Nicópolis estaba a 60 estadios de Jerusalén que, según algunos códigos, eran demasiados.

Al final de las Cruzadas, el lugar fue trasladado nuevamente porque Abu Gosh no estaba cerca de la calzada romana de la época.

El sitio de El-Qubeibeh parece que cumplía todos los requisitos: se encuentra a la distancia justa y no lejos de las ruinas de una calzada romana de la época y, por ello, en el siglo XIV los franciscanos se establecieron allí, también favorecido por la persistencia de tradiciones populares y la particular situación topográfica del pueblo.

La fiesta de hoy se dividió en dos momentos: la celebración eucarística de la mañana y las vísperas y adoración después de comer. A la celebración, presidida por el padre Custodio, asistió un grupo numeroso de frailes y religiosas, así como fieles locales e internacionales residentes en Jerusalén.

“Este pasaje del Evangelio es muy importante para nuestra vida como cristianos”, dijo el Custodio en su homilía. “También nosotros corremos el riesgo, como los discípulos de Emaús, de dejarnos llevar por las experiencias de sufrimiento, por la muerte. Debemos permitir que la luz de las escrituras, la luz de la Pascua, ilumine nuestra vida, nuestras cruces”.

Fray Patton habló después de la Eucaristía, diciendo, “aquí, hoy, durante la Eucaristía, al partir el pan, este pan ya no será simple pan sino el cuerpo de Jesús”.

“No es un pan cualquiera, es Él que se hace presente para nosotros, que se entrega por nosotros”.

Tras la homilía se bendijeron los panecillos que se ofrecen a los participantes al final de la celebración, un signo que hace referencia al texto evangélico y recuerda la presencia de Jesús.

Un acto añadido a la celebración fue la bendición de las dos esculturas de madera colocadas en el centro de la nave izquierda de la iglesia, donadas por una benefactora y talladas por el artista Willy Messner, natural de Val Gardena (Italia).  Representan dos momentos del pasaje del Evangelio al que se refiere el santuario. En la primera se ve a Jesús que, por el camino, explica las Escrituras a los dos discípulos con los ojos cerrados, con uno de los poemas de Isaías sobre el siervo de Yahvé; en la segunda, en cambio, los tres personajes están en la mesa y los ojos de los discípulos están abiertos mientras Jesús, en el centro, parte el pan.

“Siempre hemos estado aislados geográficamente, por varias razones”, comentó fray Bernard Thilagarajah, superior del convento y de la fraternidad interobediencial de Emaús. “Pero este año, la reapertura reducida nos ha hecho realmente felices. Mucha gente ha aceptado nuestra invitación a quedarse y compartir el pan con nosotros, como hicieron los discípulos con Jesús. 

Es una gran alegría, con la esperanza de que la alegría y el número de peregrinos y fieles se duplique y triplique pronto”.


 

Giovanni Malaspina