El reino de Nápoles y Jerusalén

 Entre Italia y Tierra Santa siempre ha existido un estrecho vínculo, que se ha expresado de maneras diferentes a lo largo de los siglos de permanencia de los franciscanos en los Santos Lugares y continúa expresándose de forma siempre nueva hoy día.

La profunda conexión entre ambos lugares no está, como se puede intuir fácilmente, ligada exclusivamente a una cuestión religiosa. La relación se remonta a 1225 cuando Federico II se autoproclama rey de Jerusalén el 18 de marzo de 1229, dentro de la basílica del Santo Sepulcro, contra la voluntad del papa Gregorio IV, tras su segundo matrimonio con María de Monferrato, hija de Juan de Brienne, descendiente del último rey de Jerusalén, Balduino. En 1333, un siglo después, los reyes de Nápoles, Roberto de Anjou y Sancha de Mallorca, lograron rescatar el Cenáculo y otros santuarios a raíz de una iniciativa previa de Jaime II de Aragón, que había enviado embajadas al sultán de Egipto con la esperanza de mejorar la situación de los cristianos locales y de sus iglesias, pidiéndole también mayor protección para los peregrinos.

La verdadera razón por la que los reyes de Nápoles sintieron la necesidad de tal gesto se deba probablemente al hecho de que Federico II, al casarse con la legítima pretendiente al trono de Jerusalén, había establecido una línea de continuidad real.  Precisamente en esta línea sucesoria se sitúa el gesto de Roberto de Anjou y Sancha de Mallorca, que se empeñan en recuperar el santo Cenáculo y otros santuarios que consideraban parte de su soberanía.

Dentro de esta historia, que se extiende desde la Edad Media hasta la actualidad, el viernes 14 de junio tuvo lugar una jornada de profundización con el título “Nápoles y Jerusalén” en la comisaría de Nápoles, organizada por la Comisaría General de Tierra Santa y la Lugartenencia de Italia Meridional Tirrena de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén.  Moderada por el doctor Massimo Enrico Milone, responsable de Rai Vaticano, fueron varias las intervenciones que se sucedieron a partir de la introducción de fray Sergio Galdi de Aragón, comisario de Tierra Santa en Nápoles, continuando con el profesor y doctor Giovanni BattistaRossi, lugarteniente caballero de la Gran Cruz, y el arzobispo emérito de Nola, monseñor BeniaminoDepalma.  La conferencia de clausura corrió a cargo del profesor Antonio Milone, profesor de Historia Medieval en la Universidad Federico II de Nápoles, que presentó un informe sobre las peregrinaciones en la Edad Media.

Para concluir su informe introductorio, fray Sergio explicó los motivos delareunión.  El comisario de Nápoles señaló la necesidad de “estar cada vez más presentes en el territorio en que vivimos, ante todo compartiendo las diversas iniciativas de la Custodia y, en particular, haciendo que la Custodia sea el catalizador de todas nuestras iniciativas: así, asumimos nuestra identidad de “comisarios”, de aquellos a los que se les ha encomendado la misión de ser una prolongación de la Custodia de Tierra Santa en los países que la han gobernado y apoyado desde hace siglos”.

Giovanni Malaspina