El martirio de San Esteban nos recuerda quién es el protagonista de la Navidad

Las puertas del cielo se abren a Esteban, el primer coronado con la gloria de los mártires”. Con esta antífona, cantada durante el rezo de las segundas vísperas del 26 de diciembre, los frailes de la Custodia de Tierra Santa recordaron al protomártir Esteban en el lugar donde la tradición sugiere que ocurrió su lapidación. De hecho, los franciscanos realizan una peregrinación a este lugar el día después de Navidad, en la que siempre participan muchos fieles y peregrinos. Los Hechos de los Apóstoles (Hch 6,8-15; 8,13) narran el arresto, el proceso y la lapidación de Esteban que, con este sacrificio extermo, se convirtió en el primer mártir de la Iglesia.

En Jerusalén es posible identificar dos lugares donde situar el lugar exacto de la lapidación de San Esteban, que corresponden a dos tradiciones distintas: la primera sitúa el episodio al este de la ciudad, fuera de la llamada Puerta de los Leones; la otra, lo sitúa al norte, donde actualmente se alza la iglesia de Saint-Étienne de los dominicos.  Con el tiempo ha prevalecido la primera hipótesis, es decir, la que identificaría el lugar del martirio fuera de la puerta de los Leones (que por eso es llamada también puerta de San Esteban). A favor de esta hipótesis estaría una antigua tradición judeo-cristiana y la cercanía geográfica con el Templo.

Hoy en ese lugar, situado a pocos metros de la basílica de las Naciones en Getsemaní, se encuentra una gruta incluida dentro de una capilla greco-ortodoxa dedicada precisamente a San Esteban, adornada con pinturas murales que ilustran la vida del santo. “Aquí” (hic), las vísperas fueron presididas por fray Zacheusz Drazek, del cercano convento de Getsemaní, mientras que el comentario a la palabra corrió a cargo de fray Sinisa Srebrenovic.

“Hoy recibimos una bofetada”, afirmó en su homilía fray Sinisa. “Recibimos una bofetada moral de los que mueren por Jesús. Ayer celebramos el nacimiento del Salvador, pero hoy la liturgia nos propone la memora de Esteban, el primer mártir, quien dio todo por Cristo. Por tanto, la liturgia casi parece sugerirnos que olvidemos los festejos por el nacimiento de Jesus y nos exhorta a despertar. Nos aconseja despertar del consumismo navideño. En estos días corremos el riesgo de olvidar al protagonista de esta celebración, que es aquel por quien deberíamos estar dispuestos, a la manera de Esteban, a dar la vida, es decir, Jesucristo. Aquí en Jerusalén, donde tenemos la gracia de vivir estos santos lugares, nosotros debemos dar aún más testimonio con nuestra vida. Nuestra propia liturgia jerosolimitana nos anima a hacerlo. La bofetada de la liturgia de hoy es esta: No existe solo la belleza de la venida al mundo de Jesús, sino también lo terrible del martirio de San Esteban. Hoy este gran santo nos enseña y nos recuerda quién es el protagonista de la fiesta que celebramos ayer”.

Al final de las vísperas, los franciscanos y los asistentes se detuvieron para venerar en el santuario el lugar que recuerda el sacrificio extremo de Esteban, apoyando las velas encendidas en los escalones de piedra la gruta. Estos relieves orográficos, de hecho, son particularmente importantes para determinar el lugar del martirio del santo. De hecho, los relieves continúan en los escalones excavados en la roca situada bajo la explanada del Templo, donde se encontraba la antigua vía de acceso a las viejas murallas.

Filippo De Grazia