El bautismo de Jesús: peregrinación a las orillas del Jordán

El río Jordán es el destino que cada año acoge la peregrinación franciscana en la que participan peregrinos y cristianos que llegan al lugar desde todas partes de Tierra Santa.  Recordar el bautismo de Jesús y renovar las promesas bautismales: esto es lo que representa el sitio de Qasr Al-Yahud para los fieles; así, este lugar se ha convertido a través de los siglos en paso, liberación, regeneración y purificación. Esta es la fiesta que concluye el periodo navideño.

El Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton, con los frailes y peregrinos procedentes de Jerusalén, abrió  la peregrinación dirigiéndose al convento del Buen Pastor de Jericó donde le esperaba un breve saludo oficial a las autoridades locales, presentado por el párroco de Jericó, fray Mario María Hadchiti.  Después, escoltado por una representación de oficiales israelíes, el Custodio llegó a Qasr Al-Yahud, el lugar del bautismo, donde fue recibido por una larga procesión de frailes y fieles que le seguían.  Es aquí donde, en 1950 se descubrieron las ruinas de una capilla del siglo IX.

A orillas del río Jordán, donde Jesús recibió el bautismo de Juan el Bautista, tuvo lugar el primer momento litúrgico: la lectura del pasaje del Evangelio sobre el bautismo en árabe. Durante la celebración solemne de la Eucaristía, el Custodio bautizó a cuatro niños de varias parroquias de Tierra Santa. La humildad fue el elemento central de la homilía de fray Mario, párroco de Jericó, durante la misa.  “Juan Bautista y María son dos figuras importantes”, recordó fray Mario: el primero afirmó no ser digno de desatar los cordones de las sandalias del Señor y Jesús se rebaja hasta él y su humildad en su bautismo; la segunda es un ejemplo de humildad al entregarse a la voluntad de Dios y al servicio inteligente, la obediencia y el coraje.  “Y nosotros, los creyentes de hoy, ¿cómo renovamos en la actualidad nuestro bautismo?”, concluyó.

Después de la misa sellevó a cabo otra peregrinación hasta el Monte de la Cuarentena – llamado así para indicar los días de ayuno y tentación de Jesús, como narran los evangelios de Mateo y Lucas – y al monasterio greco-ortodoxo enclavado en la montaña.  Ante la gran puerta del monasterio se leyó el pasaje de las tentaciones según el evangelio de Lucas, al que siguió una visita al monasterio.

Fueron muchos los fieles cristianos llegados desde Nazaret, Caná, Ramla, Belén, Jerusalén, Beit Jala, BeitSahour, además de los peregrinos de paso.  “Esta celebración  anima mucho a los cristianos locales, que son una minoría en el territorio de Jericó, de mayoría musulmana”, señala fray Mario María Hadchiti. “Para nosotros,la fiesta del bautismo es una importante ocasión para manifestar que somos cristianos y miembros de la Iglesia”.


Giovanni Malaspina