Ein Karem Music Festival en el santuario de San Juan Bautista

Tres días de música para mostrar un signo de esperanza: este es el mensaje del Ein Karem Music Festival, celebrado del 15 al 17 de mayo en el santuario franciscano de San Juan Bautista en Ein Karem. A pesar de la oleada de violencia que ha estallado en las últimas semanas en Tierra Santa, fray Alberto Joan Pari, director del Magnificat, el instituto de música de la Custodia, explicaba así la decisión de no aplazar el Ein Karem Music Festival.

El certamen musical se llevó a cabo gracias al patrocinio de la Custodia de Tierra Santa, de Zimbalista Music Factory, la familia Recanati y PlazmaLab.

“Decidimos que el festival debía celebrarse también para ofrecer un signo de esperanza en que es posible que los musulmanes, cristianos y judíos colaboren juntos en algo bello – afirmaba fray Alberto –. Este es también el mensaje de nuestro instituto Magnificat, protagonista del primer concierto. Ha sido el primer festival al aire libre que se ha celebrado después del año de la pandemia. Queremos responder a la violencia y a la locura de estos días con música y con mensajes positivos”.

El Ein Karem Music Festival se desarrolló en tres jornadas distintas, coincidentes con las vacaciones por la fiesta judía de Shavout.

“Durante el primer concierto del 15 de mayo, la orquesta del Magnificat tocó música variada: desde música clásica a música árabe contemporánea – explicó Khen Zimbalista, fundador y director del festival –. El segundo fue de música jazz: recibimos a Taiseer Elias, virtuoso intérprete de laúd de fama internacional, y a Guy Mintus, joven pianista emergente del mundo del jazz. El tercer concierto fue de música barroca: actuó el Magnificat Vocal Ensemble y también compartieron escenario Tareq, un cristiano palestino de Belén y Odelia, una judía de Jerusalén”.

Khen Zimbalista es director de este festival desde hace seis años, pero esta ha sido la primera vez que los conciertos se han celebrado en Ein Karem. En el pasado, el festival se celebraba en una ciudad de Galilea pero, ante la imposibilidad de encontrar un lugar adecuado, fray Alberto Joan Pari tuvo la idea de proponer como emplazamiento el convento de los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa que se encuentra en Ein Karem, dedicado a San Juan Bautista. “Fray Wojciech, el guardián del convento, nos abrió su corazón y decidió acogernos. Aquí nos encontramos como en el paraíso e incluso hemos dormido en la Guest House del convento. Lo más significativo para nosotros ha sido ver la generosidad de fray Wojciech, fray Alberto y también de fray Severino, que se encarga de la cocina y de la hospitalidad”.

Khen Zimbalista dirige la Zimbalista Music Factory, la “fábrica de música” que ha hecho posible esta iniciativa. “El “coche” de esta fábrica es la orquesta y para hacerlo funcionar, hace falta música – continuaba Khen Zimbalista –. Los profesores se sientan delante para conducir y los alumnos se sientan detrás: juntos se preparan y después se parte”.  Durante el concierto de apertura, árabes, judíos, cristianos y musulmanes compartieron escenario. “Estamos aquí para responder con música a las locuras que están sucediendo – afirmaba Khen Zimbalista –. Interpretamos cualquier tipo de música, aunque nuestra base es la música clásica. Los estudiantes que viven en Jerusalén Este y los que viven en Tel Aviv tocan las mismas notas: la música les une. Ellos saben la razón por la que participan en nuestro festival: para tocar, por la música. No les digo que deben venir para “hacer las paces”. La paz para mí existe”. Con su compromiso, Khen Zimbalista espera poder realizar algún día una ambición importante: “Mi deseo es llevar todo esto al Vaticano: me gustaría tocar en el Vaticano”.

 

Beatrice Guarrera