Dominus Flevit: la primera parada en los lugares de la Pasión

El Dominus Flevit es el lugar donde según la tradición, Jesús lloró, después de mirar Jerusalén y predecir su ruina (Mt 24; Mc 13 y Lc 21). Desde la iglesia del Dominus Flevit (literalmente “el Señor lloró”), en el Monte de los Olivos, empiezan cada año las peregrinaciones cuaresmales de los frailes franciscanos de la Custodia de Tierra Santa. El miércoles 11 de marzo de 2020 presidió la santa misa en el Dominus Flevit fray Donaciano Paredes, maestro de estudiantes de San Salvador.  La tradición de celebrar en los lugares donde ocurrieron los hechos de la Pasión de Jesús se remonta a los primeros siglos de la era cristiana y continúa en la actualidad.

Fray Eliazar Arteaga Chavero comenzó la homilía partiendo de la palabra “lágrima”, la forma en que está construido el santuario.  Después pidió a los fieles que se imaginaran como casas de la Ciudad Santa, a las que se dirige Jesús.  Es como si Jesús estuviese hablando a cada uno de manera individual y, también para nosotros, como para la ciudad de Jerusalén, es fácil no reconocer a Jesús, incluso cuando se está delante de él.  “Si no reconocemos a Jesús, no encontraremos paz en nuestra vida – afirmó fray Eliazar –. Os invito a rezar también por los enfermos en estos difíciles momentos”.

Al final de la misa, fray Sebastiano Eclimes, superior del Dominus Flevit, ofreció a todos los asistentes un pequeño refrigerio delante del convento que, al estar situado en el Monte de los Olivos, goza de una preciosa vista sobre la ciudad.  Precisamente el Monte de los Olivos era un centro importante para la memoria de los primeros cristianos: era el lugar desde el que se podían ver los restos de la antigua Ciudad Santa destruida y una parte de la nueva Jerusalén, todavía en construcción por los romanos.  El recuerdo del Dominus Flevit se remonta a finales del siglo XIII, principios del XIV. El santuario actual, en forma de lágrima, finalizado en 1956, fue diseñado por el arquitecto Antonio Barluzzi, sobre los restos de una iglesia bizantina del siglo V.

 

Beatrice Guarrera