
El deseo que siento que puedo hacer al Papa León desde el fondo de mi corazón es que sea capaz de guiar a la iglesia en la estela de los papas que han llevado este nombre antes que él, el Papa León Magno, que fue el gran papa que enseñó a toda la iglesia a poner en el centro de su vida cristiana al Cristo integral, el verdadero Dios y el verdadero hombre.
Pero también el Papa León XIII que supo introducir a la iglesia dentro de la realidad del mundo obrero y dentro de la realidad social.
Que el Papa León lleve también a la iglesia de este nuestro tercer milenio a ser una iglesia fiel a Jesucristo, verdadero Dios, verdadero hombre, y al mismo tiempo a ser también una iglesia fiel al hombre que vive en sociedad y que tiene formas concretas de trabajo y de vida y vive desafíos planteados por los cambios sociales que se están produciendo.
Espero que sea un Papa que plantee decididamente el tema de la paz, como lo hizo desde el primer mensaje el día de las elecciones.
De este modo nos ayudará también a nosotros, que vivimos en Tierra Santa, a encontrar por fin una estación de paz, de diálogo, de convivencia entre los pueblos y los creyentes de distintas confesiones.

