Cuarta peregrinación: el fracaso y la continuación

La cuarta peregrinación, en la quinta semana de Cuaresma, se dedicó a la condena del Señor, justo en el lugar que la recuerda: el santuario de la Condena, situado en el complejo del convento de la Flagelación en Jerusalén.

El santuario fue reconstruido en 1904 por fray Wendelin Hinterkeuser sobre las ruinas de una iglesia medieval, descubierta años antes, de la que no se sabe el nombre.  La nueva iglesia recibió este título debido al pavimento de grandes losas que continúa también debajo del santuario del Ecce Homo, no muy lejos, considerados ambos parte del Litóstrotos.  La narración evangélica (Jn 18, 28) atribuye este nombre al lugar situado frente al pretorio, en el que Pilatos colocó su asiento para el juicio de Jesús y de donde el Señor salió cargando la cruz.

“Este lugar es parte importante de la Ciudad Vieja de Jerusalén porque aquí comienza el Via Crucis”, subrayó fray Ramzi Sidawi, ecónomo de la Custodia, al comenzar su homilía.  Como corresponde al lugar, fray Ramzi recordó a un Jesús profundamente humano: expuesto a la multitud, inocente y condenado, rechazado y humillado, para mostrar su gran fidelidad y su abandono a la voluntad del Padre.  “Humanamente su final, la condena y la cruz, son un fracaso total”, explicó fray Ramzi. “Sin embargo, Dios tiene una lógica diferente, tanto que este hecho aún hoy nos interpela: ¿cómo seguimos nosotros a Jesús?”  El Señor, con estos episodios determinantes, nos dice que el modo correcto de seguirle es abrir el corazón a lo que Dios quiere darnos,como algo humanamente incomprensible, y proclamarlo en voz alta.

“Pidamos al Señor que nos haga vivir bien este tiempo y que salgamos fortalecidos en la fe, para que podamos proclamarle como Rey del Amor, de justicia y de paz, el primero en vivir el Amor por cada uno de nosotros”, concluyó fray Ramzi.


Giovanni Malaspina