Corpus Domini: la salvación en la pobreza

También en Jerusalén, entre el miércoles 19 y el jueves 20 de junio de 2019, se celebró la solemnidad del Santísimo Cuerpo y la Sangre de Cristo, que conmemora la misa in Cena Domini del Jueves Santo.

Conocida como Corpus Domini, la festividad nació en 1247 en la diócesis de Lieja (Bélgica) para celebrar la presencia real de Cristo en la eucaristía, con el fin de rebatir la teoría de que la presencia de Cristo solo era metafórica. Posteriormente, en 1264, el papa Urbano IV, residente en Orvieto (Italia), donde había trasladado la corte pontificia, con la bula Transiturus extendió esta solemnidad a toda la Iglesia.  Litúrgicamente, la fiesta se celebra el mismo día de la institución de la Eucaristía, el jueves,en la segunda semana después de Pentecostés. En algunos países en los que el jueves no es un día festivo en el calendario civil, la solemnidad se celebra el segundo domingo después de Pentecostés.

En Jerusalén, la festividad se celebró a partir de las primeras Vísperas solemnes del miércoles por la tarde, presididas por el administrador apostólico del Patriarcado Latino, monseñor PierbattistaPizzaballa. El administrador apostólico hizo su entrada solemne en el Santo Sepulcro, según establece el Status Quo, y tras la oración de las vísperas frente al Edículo de la tumba vacía, participó en la procesión diaria de los frailes franciscanos en la basílica. La oración terminó con el rezo de Completas.

Durante la noche, siguiendo la misma liturgia reservada a la Cuaresma, se celebró el oficio de la Vigilia delante del Edículo del Sepulcro, presidida por el Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton.  La Vigilia nos acerca aún más a la verdadera fiesta, que llega pocas horas después con la solemne concelebración eucarística que sigue a la entrada y los Laudes.  Al final de la celebración, el administrador apostólico dirige la procesión con el Santísimo Sacramento, en la que se dan tres vueltas alrededor del Edículo.

En los Laudes de la mañana del jueves y la celebración eucarística tomó la palabra el liturgista del Patriarcado Latino, padre Pietro Felet, que recordó a los sacerdotes que celebran los 60,50, 40, 25, y también el primer año de sacerdocio.  “Habéis recibido el sacerdocio”, dijo el padre Felet, “como un regalo, para vivirlo en comunión con una Iglesia en marcha y para el bien del pueblo de Dios que se os ha confiado.  En una época de grandes cambios no todo ha sido fácil, pero el sensusfidei de los fieles os ha ayudado a avanzar juntos”.

Durante la homilía, monseñor Pizzaballa se refirió a las acciones de Jesús en el pasaje evangélico que se acababa de leer (Lc 9, 11-17), explicando que Jesús no encuentra la solución más fácil para salir de los problemas.  En las situaciones de fragilidad y extrema necesidad, él crea pequeñas comunidades para asegurar la comunión. “Jesús no nos salva con medios poderosos y ricos sino, al contrario, haciéndose pobre y el último, uno de nosotros”, subrayó el administrador apostólico. “La salvación es tal cuando se lleva dentro, nos hace vivir nuestra pobreza, nos hace vivirla como una riqueza”.  Dios salva con la pobreza, concluyó, “porque en ella resplandece la verdadera riqueza, no de las cosas, de los medios, ni de las posibilidades, sino del don mutuo de nosotros mismos”. 

Giovanni Malaspina