Con los emigrantes de Tel Aviv para la fiesta de Nuestra Señora del Valor

“Una mujer fuerte, ¿quién la hallará?”: es el pasaje del libro de los Proverbios (31,10) con el que los judíos honran la figura de la mujer durante la cena del Sabbat, que introduce en el día de descanso del sábado. Es un fragmento que habrán escuchado muchas veces las mujeres emigrantes que trabajan en Israel. E inspirados por esas palabras, los trabajadores emigrantes y refugiados (en su mayoría mujeres), celebran hoy 10 de mayo la fiesta de “Nuestra Señora del Valor” en el centro pastoral de emigrantes de Tel Aviv. Cada año, el día escogido para las celebraciones es el sábado más cercano a la fecha, que es también jornada de descanso del trabajo para los emigrantes.

También este año los emigrantes de distintas comunidades lingüísticas, hombres y mujeres, madres e hijos, sacerdotes y religiosos, se reunieron el 8 de mayo para la misa festiva. La celebración fue presidida por fray Francesco Patton, Custodio de Tierra Santa, y concelebrada por monseñor Giacinto-Boulos Marcuzzo, vicario patriarcal para Jerusalén y Palestina, y el padre Rafic Nahra, coordinador para la pastoral de emigrantes, junto con sacerdotes y capellanes de la comunidad filipina, india, de Sri Lanka y del rito Ge’ez (etíopes y eritreos).

Fray Francesco subrayó en su homilía las auténticas características de la “Mujer de Valor”, explicando este título mariano: “La mujer ideal tiene el rostro de una esposa, de una madre, de una mujer que trabaja y sabe lo que significa administrar un hogar”. El Custodio afirmó que el ideal de mujer se puede ver en el rostro de la Virgen María, pero también en el rostro de todos los emigrantes presentes en la fiesta. Reflexionando sobre el Evangelio del sexto domingo de Pascua, fray Francesco añadió que la mujer valerosa “sabe amar con todo su ser y sin tener preferencias”, afirmando, por tanto, que “así aman las madres y así ama Dios. Y así quiere Dios que también aprenda a amar cada uno de nosotros”. El Custodio también recordó las palabras del papa Francisco para la jornada de los Refugiados del pasado 3 de mayo, destacando la necesidad de la comunidad humana de caminar juntos como una familia y de vivir juntos en armonía y paz, derribando los muros y construyendo puentes para así abrirse a la cultura del encuentro.

A pesar de los escasos participantes, debida aún a los protocolos sanitarios por la pandemia del COVID-19, la comunidad de emigrantes de este pequeño centro pastoral ha conservado el habitual ambiente de alegría y fiesta, con cánticos y lecturas en distintos idiomas, pero sin olvidar recordar en la oración a sus familias en sus países de origen, gravemente afectados por la pandemia.

Tras la misa todos fueron invitados a un ágape fraterno en el que se sirvieron platos típicos de cada país, para abrirse y compartir la cultura de cada uno.

En Israel hay aproximadamente 100.000 trabajadores inmigrantes y unos 30.000 que han solicitado asilo. El Patriarcado latino de Jerusalén abrió sus primeras capellanías de emigrantes ya en los años noventa y en 2018 el coordinador para la Pastoral de Emigrantes se convirtió en vicariato para emigrantes y solicitantes de asilo, para responder a los nuevos retos de la realidad migratoria en Tierra Santa. Al mismo tiempo, el patriarcado también erigió la parroquia personal de la Sagrada Familia.

La Custodia de Tierra Santa colabora activamente en la pastoral de emigrantes y refugiados, con los frailes que actúan como capellanes y asistentes espirituales en distintos santuarios y parroquias.


 

Fr. Mark VertidoPalafox