Chipre: una Iglesia al servicio de la comunidad

A principios del pasado marzo, la pandemia del Covid-19 llegó también a Chipre, donde la comunidad latina, formada por unos miles de cristianos, es compleja y variada.  “Chipre es una hermosa y exigente misión – explica fray Jerzi Kraj, delegado del Custodio para Chipre y vicario del Patriarcado Latino de Jerusalén en Chipre -. También a nosotros nos ha afectado la crisis económica, ya que recibíamos donativos tanto por las santas misas como donaciones directas de algunas personas.  Pero gracias a Dios y a la Providencia, no nos falta nada y seguiremos sirviendo a la comunidad con alegría y generosidad”. En las celebraciones semanales de las parroquias de Chipre, los fieles son unos cinco mil, pero solo 2.500 tienen ciudadanía chipriota.  El resto está representado por trabajadores extranjeros o hijos de emigrantes, de países europeos, de Oriente Medio y del sudeste asiático.  De ellos se ocupa Cáritas de Chipre, cuyo presidente es el arzobispo maronita de Chipre, Youssef Soueif, y el vicepresidente fray Jerzi Kraj, en representación de la Iglesia Latina.

 “Los Latinos estamos presentes en las cuatro parroquias y principales ciudades de la República de Chipre: Nicosia, Lárnaca, Limasol y Pafos – explica fray Jerzi Kraj –. Además de nuestros cinco frailes franciscanos, hay tres sacerdotes del Verbo Encarnado que administran la parroquia de Pafos”. Desde el cierre de todos los lugares públicos en marzo, no ha sido posible oficiar celebraciones en el norte del país donde se encuentran, además, cuatro capellanías para las comunidades de emigrantes de la zona turca. “Tan solo el 28 de junio pude celebrar la primera misa allí – explica fray Jerzi –. Incluso ahora vamos esporádicamente a la zona norte, porque todavía no han reabierto la frontera con la parte turca”.

En la iglesia de la Santa Cruz de Nicosia, donde vive el franciscano, fue posible reiniciar las celebraciones eucarísticas el 23 de mayo.  Hoy, en las misas se reúnen unas cincuenta personas en el interior, respetando las reglas de distanciamiento social, mientras el resto de fieles pueden seguirlas desde el exterior, en el jardín, a través de altavoces.  Para estar cerca de la comunidad, cada día se trasmite en la página de Facebook de la iglesia de Nicosia la oración diaria de Vísperas y la adoración del Santísimo Sacramento, además de la misa en directo cada domingo.  El servicio se ha suspendido durante los meses de julio y agosto, pero podrá volver en septiembre.

Además, ha habido varias iniciativas, como la distribución de alimentos, para tratar de ayudar a las personas con dificultades. “Muchos de ellos son trabajadores extranjeros – continúa fray Jerzi –.  Han sido despedidos o, si realizaban trabajos ocasionales y sin contrato, ahora se encuentran desocupados. Para los emigrantes también ha sido difícil encontrar un alojamiento adecuado a las normas del estado para la cuarentena. Muchos viven en apartamentos con diez o quince personas, y la policía venía muchas veces a intentar desalojarlos”.  Precisamente en Nicosia, en los locales de la parroquia, se encuentra el centro de Cáritas que ayuda a los sirios, palestinos, paquistaníes y personas de muchos otros países.  Algunos son refugiados, otros son víctimas del tráfico de emigrantes y han pagado cifras enormes para llegar a otros países europeos.  Sin embargo, les han abandonado en Chipre y ahora se encuentran sin asistencia.

“En nuestra parroquia de Nicosia ofrecimos gratuitamente a Cáritas el salón de San Antonio, donde se realizan las actividades diarias – cuenta el superior de la iglesia de Nicosia –. Antes del Covid-19, también en la sala San Francisco del convento se daban clases y ofrecíamos la comida del domingo a cientos de personas, pero tuvimos que interrumpirlo por la emergencia. Desde mayo, Cáritas ha retomado su actividad fuera de la iglesia, para que no se acumule mucha gente en el interior”.  Cada semana se atiende a unos dos mil emigrantes por problemas legales y otros más son alojados en un dormitorio.  También en la parroquia de Lárnaca y Limasol se desarrollan diversas actividades de apoyo a través de asociaciones benéficas.

 “Gracias a Dios, en nuestras comunidades no tenemos ningún contagio de Covid-19. Creo que se debe a la protección especial de San Antonio, al que rezamos todos los días desde que nos lo pidió el Custodio de Tierra Santa – afirma fray Jerzi Kraj –. Chipre es una ventana a Oriente Medio y estamos rezando para que la paz y la reconciliación empiecen justo en esta isla.  Este año Chipre celebra sesenta años de su independencia, pero desde hace 46 años hay una división de hecho, que supone una herida en la sociedad.  Nosotros seguimos rezando y trabajando para construir puentes y derribar muros”.



 

Beatrice Guarrera