
Las celebraciones en Tierra Santa en sufragio del Papa Francisco representaron un momento de profunda unión entre los fieles locales y la Iglesia Universal en recuerdo del Santo Padre. Las celebraciones tuvieron lugar en diferentes días y en diferentes lugares santos, entre ellos la Basílica de Getsemaní, la Basílica de la Anunciación en Nazaret y la Basílica de la Natividad en Belén.
De particular importancia, además de la presencia de los fieles locales y de algunos peregrinos, fue la cercanía y la presencia de las Iglesias orientales y protestantes. Un signo tangible del mensaje que el Papa Francisco ha dejado con su pontificado, que se puede resumir con el título de su Encíclica: Hermanos todos.


Los fieles de Belén también se reunieron en un abrazo de fe en torno al Santo Padre el mismo día de su funeral en Roma. La celebración en la Basílica de la Natividad fue presidida por Mons. William Shomali, Vicario General y Vicario Patriarcal para Jerusalén y Palestina.
A la celebración asistieron los scouts locales, numerosos fieles y autoridades civiles, así como representantes de las Iglesias orientales y protestantes de la ciudad de Belén.
En su homilía, el Obispo dirigió palabras de agradecimiento por el pontificado del Santo Padre Francisco y expresó su reconocimiento por la presencia de todos, cuya participación fue un profundo signo de unidad, testimonio de lo mucho que el Papa había tocado los corazones de muchos.
Continuó diciendo:
"El Papa invocó la paz en el mundo. En su último discurso, mencionó todas las zonas de conflicto en el planeta, prestando especial atención a la guerra en curso en Gaza". En esta época de grandes desafíos a los que se enfrenta el mundo, Mons. Shomali destacó cómo el Papa nunca ha olvidado a quienes viven en condiciones difíciles. Señaló: "El mayor ejemplo es Gaza. Cada tarde, puntualmente a las 19:00, Su Santidad telefoneaba a los sacerdotes y monjas de la parroquia de Gaza para interesarse por las condiciones de la gente. Conocía al detalle lo que estaba ocurriendo".
La liturgia fue presidida por el Arzobispo Rafiq Nahra, Vicario del Patriarcado Latino en Galilea, y concelebrada por el P. Wojciech Bołoz, guardián y Rector de la Basílica de la Anunciación y Santuario de la Sagrada Familia en Nazaret, y el P. Ibrahim Sabbagh, párroco de Nazaret. También estuvieron presentes delegaciones de las Iglesias ortodoxa y evangélica, numerosas comunidades religiosas y numerosos fieles.
Durante su homilía, Mons. Nahra ofreció una reflexión sobre el aspecto personal del Papa, que se centró no sólo en su papel como Pontífice, sino en quién era como hombre: un hombre de profunda humildad y compasión. A continuación, hizo hincapié en la importancia de reunirse, incluso de diferentes confesiones cristianas, para rezar por él, destacando el mensaje constante de unidad y misericordia del Papa Francisco.
El Papa Francisco es recordado como el Papa de los Pobres y el Papa de la Misericordia. Desde el comienzo de su pontificado, la elección del nombre "Francisco" indicó su dedicación a la paz, a los pobres y a la sencillez, inspirada en San Francisco de Asís. Su vida ha estado marcada por una profunda preocupación por los marginados y una visión de la Iglesia no como un lugar de juicio, sino como un hospital de campaña, un lugar donde las almas heridas encuentran curación.

La celebración en el convento de San Salvador de Jerusalén estuvo presidida por el Custodio de Tierra Santa, fra Francesco Patton.
Al igual que en la Misa en el Santo Sepulcro, el Custodio recordó en su homilía una de las catequesis más emblemáticas del Pontífice durante el Año de la Misericordia, en la que afirmó: "No hay santo sin pasado, ni pecador sin futuro". Con estas palabras, el Papa Francisco definió a la Iglesia como una comunidad no de perfectos, sino de pecadores en camino. Su pontificado ha estado atravesado por esta mirada misericordiosa, siempre dirigida hacia los últimos, los marginados, los que él llamaba "descartados."
El Custodio invitó a mirar a Jesús crucificado: incluso en los momentos más difíciles de la pandemia, el Papa Francisco había señalado al Crucifijo como referencia para entender a Dios. No un Dios que juzga, sino que abraza, perdona y se entrega en silencio. En la Resurrección, explicó, reside el poder transformador del amor de Dios: el miedo se convierte en confianza, la angustia se transforma en esperanza.
El Custodio reconoció que el anuncio del Papa Francisco puede resultar incómodo, especialmente cuando habla de paz, medio ambiente, acogida o fraternidad con una radicalidad que desafía nuestras costumbres. Sin embargo, invitó a custodiar con gratitud el camino señalado por el Papa, rico en humanidad y fidelidad al Evangelio.
Francesco Guaraldi
