
El domingo 18 de enero se celebraron en Caná de Galilea, el actual pueblo de Kafr Kanna, las celebraciones por el primer milagro de Jesús durante las Bodas de Caná.
El Custodio de Tierra Santa, Fray Francesco Ielpo, visitó la parroquia local, acompañado por el Ecónomo Custodial, Fray Agustin Pelayo Fregoso, y por el Vicejefe de Misión de la Nunciatura Apostólica en Israel, Mons. Nicola di Ponzio.

Como se narra en el Evangelio, Jesús participó en una fiesta de bodas en Caná de Galilea, junto con su madre María y algunos discípulos. Sin embargo, en medio de la celebración se acabó el vino. En ese momento María pidió ayuda a su hijo, quien respondió, "Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora" (Juan 2, 1-11). María, sin embargo, sabía que su hijo era capaz de grandes cosas y, dirigiéndose a los sirvientes, les pidió que hicieran todo lo que Jesús les dijera, una invitación que sigue siendo actual y que habla a los cristianos de todo el mundo.
Jesús, llamado a resolver la situación, ordenó llenar de agua seis tinajas de gran tamaño. Cuando el maestresala probó el líquido contenido en esas tinajas, se maravilló al constatar con sorpresa que el esposo había guardado el vino bueno para el final, en lugar de servirlo al comienzo, como era costumbre en aquella época.

El Custodio de Tierra Santa, Fray Francesco Ielpo, fue recibido en Caná por los frailes, las religiosas y numerosos fieles de la comunidad local. La fiesta del primer milagro de Jesús se celebró en la Iglesia de las Bodas de Caná, que para la ocasión se llenó de fieles de todas las edades.
En un clima de alegría y fiesta, el Custodio celebró la misa, en presencia de sacerdotes de la comunidad melquita y greco ortodoxa de Kafr Kanna.

En su homilía, Fray Francesco Ielpo subrayó ante todo la fe clara de María, que permanece firme incluso ante la respuesta aparentemente ambigua de Jesús. El comportamiento de la Virgen María ofrece un fuerte ejemplo de cómo confiar la propia vida a Dios sin necesidad de comprenderlo todo, sino simplemente confiando en Jesús.
Además, subrayó el Custodio de Tierra Santa, el vino bueno es signo de la gracia de Dios. En efecto, en los momentos en que "se acaba el vino", en los que falta la alegría, Dios transforma la vida humana en una gran fiesta y devuelve la felicidad, pidiendo solamente que nos confiemos a Él.
Después de la misa, la comunidad católica de Caná celebró junto con el Custodio, compartiendo un banquete en un clima de alegría y comunión.
Riccardo Curti
