Belén celebra la memoria de San Jerónimo

“Ignorar la Biblia significa ignorar a Cristo mismo, porque Él es el camino, la verdad y la vida”. Es la famosa frase de San Jerónimo, “el traductor de la Biblia, autor de su versión latina, la “Vulgata”. El 30 de septiembre la Custodia de Tierra Santa celebró la memoria del santo con una misa solemne en la gruta de San Jerónimo en Belén —muy cerca de la Gruta de la Natividad— donde se dedicó durante 40 años a la traducción de los textos bíblicos desde las lenguas en las que fueron originariamente escritos al latín.

Fr. FRANCESCO PATTON, ofm
Custodio de Tierra Santa
"El conocimiento de las escrituras en un tiempo de dificultad nos ayuda a mantener viva la esperanza, y a saber que el horizonte de nuestra vida es el de la vida eterna, de la vida con Dios. Que incluso la vida humana natural no es algo absoluto, somos de alguna manera peregrinos y forasteros en este mundo."

En su homilía Fr. Francesco Patton describió la relación de San Jerónimo con la Biblia como una relación “romántica”, porque la Biblia fue el centro de su atención durante toda su vida: continuó estudiándola y contemplándola, trató de vivirla y de enseñarla a los demás.

Pocos fieles participaron en la misa a causa de las restricciones impuestas por la pandemia del coronavirus, pero en este difícil momento que la humanidad está viviendo de la memoria de San Jerónimo surge un nuevo llamamiento a todos los cristianos para vivir el Evangelio, meditar la Palabra de Dios y confiarse a las palabras de Cristo que dijo: “En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo». (Jn 16,33).

Fr. FRANCESCO PATTON, ofm
Custodio de Tierra Santa
"Conocer las escrituras en un momento de dificultad quiere decir conocer a Cristo, que es más fuerte que la enfermedad y que la muerte, el cual nos invita a vivir una vida con la Pascua como horizonte, y no simplemente un horizonte de la vida biológica terrenal."

Los valiosos escritos que San Jerónimo dejó a la Iglesia y al mundo se han convertido en una fuente de ciencia y conocimiento que le valió el título de “maestro de la Iglesia”.

 

 

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