Ain Karem: fiesta de la Visitación de María

Cuando la Virgen María visitó a su prima Isabel y la mujer escuchó su saludo, el niño saltó en su vientre y ella bendijo a María. La madre de Jesúspronunció entoncesla famosa oración del Magnificat(Lc 1,39-56).La tradición sitúa este episodio evangélico en Ain Karem, una aldea de sacerdotes a las afueras de Jerusalén, en la que vivía la familia del esposo de Isabel, Zacarías. Precisamente el canto del Magnificat en varios idiomas adorna la entrada del santuario de Ain Karem, donde los frailes franciscanos celebraron una misa solemne el 31 de mayo, con motivo de la fiesta de la Visitación.

En el transcurso de la celebración, dos frailes de la Custodia de Tierra Santa recibieron el ministerio del lectorado y otros catorce el ministerio del acolitado.

“Considerad una gracia poder recibir estos ministerios, vinculados a la Palabra y a la Eucaristía, en la festividad de la visita de María Santísima a Santa Isabel – dijo el Custodio de Tierra Santa en su homilía –. De hecho, la joven María que va rápidamente a casa de su prima Isabel es un ejemplo y una imagen poderosa de lo que significa acoger la Palabra de Dios para que se haga carne, pero también de lo que significa trasmitir y dar con alegría la Palabra de Dios que se ha hecho carne. Tanto en el servicio de lectores como en el de acólitos, aprended de María”. El momento en que María saluda a Isabel, según el Custodio de Tierra Santa, no es el de un saludo formal y convencional, sino que el verbo griego usado para expresar que María saluda a su prima Isabel(ἀσπάζομαι) tiene una dimensión física: nos dice que el saludo sucede con un abrazo entre dos personas.

“Si queréis servir al Señor recordad esto y aprended esto: María se levanta y se pone en camino rápidamente y permanece al servicio de forma continua. Por eso, no seáis perezosos a la hora de servir”, añadió fray Patton (aquí la homilía completa).

El lugar donde la tradición sitúa la casa de Zacarías e Isabel, donde María encontró a su prima, se encuentra actualmente en la cripta de la iglesia de la Visitación, una pequeña gruta con frescos que narran los tres episodios del Evangelio relacionados con este lugar. Uno de los frescos nos relata que también Juan el Bautista corrió peligro de ser asesinado por el rey Herodes y, para escapar de la masacre, se escondió con su madre en una roca medio excavada en la pared derecha de la gruta. Precisamente a este lugar, a la cripta de la iglesia, se dirigieron en procesión los frailes y los fieles al finalizar la misa solemne de la Visitación.

En Tierra Santa desde hace treinta años y superior del convento de la Visitación desde hace tres, fray Nicolás Márquez-Gutiérrez nos contó la peculiaridad de este año: “A pesar de que la pandemia aún está presente en el mundo, aquí la situación es distinta y esto nos ha permitido, como Iglesia local, poder celebrar la fiesta de este año con tanta solemnidad y con un número importante de fieles”. Tras el largo cierre debido al coronavirus, hoy el santuario de la Visitación vuelve a estar abierto a peregrinos y visitantes, aunque en horario reducido de martes a domingo, de las 9 a las 12.

Custodiado ya en el siglo XIV por monjes armenios, el santuario fue adquirido por los franciscanos en 1679. Entre 1938 y 1940, el arquitecto Antonio Barluzzi construyó la actual iglesia superior, cuya fachada decorada en mosaico (obra de B. Biagetti) todavía brilla en la actualidad bajo los rayos del sol.

 

Beatrice Guarrera