
7 de diciembre de 2025
Segunda Domingo de Adviento
Fray Matteo Munari
Paz y bien de fray Matteo Munari del convento de la Flagelación en Jerusalén.
En el evangelio del II domingo de Adviento (año A) escuchamos la predicación de Juan Bautista, que es ante todo un llamado a la conversión.
Las palabras iniciales “¡Convertíos, porque el reino de los cielos está cerca!” son las mismas que Jesús usará al inaugurar su ministerio (Mt 4,17). El sentido de continuidad en el mensaje de los predicadores es un instrumento pastoral de gran ayuda para las personas que buscan la luz de Dios.
Juan era un hombre austero que se nutría de la presencia de Dios en su vida, por eso no sentía la necesidad de consuelos efímeros. Esta libertad lo llevaba también a decir lo que no le convenía y a ponerse en contra de los partidos religiosos más poderosos, los fariseos y los saduceos, y después, como sabemos, contra el rey Herodes. Esto le costará la vida.
El mensaje que dirige a los fariseos y a los saduceos es una invitación amenazadora a la conversión. Para allanar el camino del Señor en su corazón, Juan destruye su ilusión de ser salvados por la simple pertenencia al pueblo elegido. La raza no salva ni condena a nadie; solo el retorno al Señor y la adhesión a su voluntad abren las puertas a la gracia y a la misericordia.
La imagen de Dios que puede hacer surgir hijos de Abraham de las piedras evoca aquellas doce piedras erigidas por Josué en el Jordán con ocasión de la entrada del pueblo de Israel en la tierra prometida. Sin embargo, la generación que entra es la nacida durante el camino en el desierto. Se trata de la generación que ha sustituido a la que salió de Egipto: esta no entró porque, como nos enseña Jos 5,6, no escuchó la voz del Señor.
Juan anuncia la venida del Mesías, de un personaje tan importante que él no es digno de ser su esclavo. Juan comprende que su venida sobrepasará las expectativas del pueblo y que la fuerza de su palabra destruirá las fuerzas del mal.
Sin embargo, por las palabras del Bautista se entiende que él espera una intervención violenta de Dios que pondrá fin a la injusticia de este mundo. Sin embargo, deberá confrontarse con un modo muy diferente de actuar del Mesías, el cual elegirá la humildad, la mansedumbre y la obediencia como instrumentos privilegiados para la redención de la humanidad.
Que el Señor nos ayude a escuchar su voz, a volver a Él y a cumplir su voluntad para que nuestra alegría sea plena a la luz de su presencia.
Amén.
