14 de diciembre de 2025 - Tercer Domingo de Adviento - fray Francesco Patton

Evangelio del día meditado por el fray Francesco Patton, Cronista en el Memorial de Moisés en el Monte Nebo

13 Dic 2025

14 de diciembre de 2025
Tercer Domingo de Adviento
Fray Francesco Patton

Queridas amigas, queridos amigos,

“Que el Señor les dé paz”.

Soy fray Francesco Patton, de la Custodia de Tierra Santa, y les hablo desde el Memorial de Moisés en el Monte Nebo, en Jordania.

El tercer domingo de Adviento contiene siempre una invitación a alegrarnos y regocijarnos, no por motivos banales o superficiales, sino porque hemos aprendido a reconocer la presencia y la acción de Dios en nuestra vida, en nuestro mundo y en nuestra historia: una presencia y una acción que todo lo renueva y sana a partir de signos concretos de bien que se nos ponen delante de los ojos.

En el evangelio que acabamos de escuchar, Juan el Bautista se encuentra en la cárcel y envía a algunos de sus discípulos a interrogar a Jesús, porque le ha surgido una duda.

Dicho sea de paso, el lugar en el que Herodes Antipas había encarcelado a Juan el Bautista y desde el cual envía a sus discípulos a interrogar a Jesús es la fortaleza de Maqueronte, reconstruida por Herodes el Grande entre el 30 y el 20 a.C., no lejos del Mar Muerto, para vigilar la frontera oriental de su reino. Actualmente se encuentra en Jordania, a unos treinta minutos de “Betania al otro lado del Jordán”, donde Juan predicaba y bautizaba, y a solo una hora de donde les hablo. En la excavación de este sitio, importante por los hechos relativos al encarcelamiento y la muerte de Juan el Bautista narrados en los evangelios, trabajaron en los años 80 también los frailes arqueólogos del Estudio Bíblico Franciscano de la Flagelación, Virgilio Canio Corbo, Stanislao Loffreda y Michele Piccirillo.

Volviendo a nosotros, Juan el Bautista envía a sus discípulos a interrogar a Jesús porque le ha surgido una duda sobre su mesianidad: Juan esperaba a un Mesías que blandiera el hacha de la justicia y arrasara a los malvados, quizá incluso un Mesías caudillo, y se encuentra delante de Jesús de Nazaret, un Mesías que se encuentra con los pecadores, come con ellos y los acoge con misericordia, un Mesías que no busca sublevar a las multitudes contra el poder de Roma.

Jesús pide entonces al Bautista que cambie de perspectiva y que aprenda a reconocer y acoger los signos de salvación que Él ofrece, en línea con las antiguas Profecías y con los Salmos, en lugar de aquellos que el mismo Bautista había imaginado y deseaba ver.

A la duda de Juan, por tanto, Jesús replica invitándolo a abrir los ojos y ver las semillas de ese mundo nuevo y redimido, sanado, que Él, en cuanto enviado último de Dios y su encarnación, ha venido a traer: «Vayan y cuenten a Juan lo que oyen y ven: los ciegos recuperan la vista, los cojos caminan, los leprosos quedan purificados, los sordos oyen, los muertos resucitan, a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandaliza de mí!» (Mt 11,4-6).

La verdadera alegría no es la emoción producida por el hecho de que se cumplan nuestras expectativas o de que tengan éxito nuestros proyectos y sueños de grandeza, sino que nace cuando aprendemos a esperar y acoger de Dios la salvación, y cuando —en consecuencia— aprendemos a descubrir en la vida de cada día el bien que Él obra en la historia, a través de su Hijo y de la acción misteriosa del Espíritu Santo, a partir de signos humildes.

La alegría nace cuando aprendemos a reconocer la aurora de un mundo nuevo, que es ya la primicia del mundo transformado por la resurrección del Hijo de Dios y por el don de su Espíritu.

Este domingo ejercitémonos también nosotros en reconocer los signos y las semillas de bien, incluso pequeños, que están presentes a nuestro alrededor y en nosotros. Aprendamos a reconocer las semillas de bien que vemos realizarse en otras personas y en nuestro mundo, aunque también esté marcado por muchos signos de mal y de muerte. Si Dios nos pide vencer el mal con el bien, Él primero vence el mal con el bien, dando por amor a nosotros a su Hijo Jesús y dando su Santo Espíritu a toda persona que tenga el corazón abierto hacia Él.

A todas y todos ustedes les deseo vivir un domingo lleno de la verdadera alegría,
paz y bien desde el Memorial de Moisés en el Monte Nebo, en Tierra Santa.

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