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Homilía – Esaltazione della Santa Croce - 14 settembre 2026 - Santo Toribio de Liébana




Homilía – Exaltación de la Santa Cruz

14 de septiembre de 2026 – Santo Toribio de Liébana
Núm 21,4b-9; Flp 2,6-11; Jn 3,13-17

 

Hermanos y hermanas:

¡Que el Señor os conceda su paz!

La fiesta que celebramos hoy adquiere un significado especial por el hermanamiento entre este Santuario de Santo Toribio de Liébana, que custodia la mayor reliquia del Lignum Crucis, y elGólgota de Jerusalén, el lugar donde esa Cruz fue levantada.

Dos lugares lejanos, pero unidos por un mismo misterio: el misterio de la Cruz, el misterio de un amor que llega hasta el final.

La primera lectura nos lleva al desierto. Israel camina por él durante cuarenta años. Como recordaba hace algunos meses, al celebrar en Jerusalén el Hallazgo de la Santa Cruz, bastó una noche para salir de Egipto, pero fueron necesarios cuarenta años para sacar a Egipto del corazón del hombre.

El desierto, en la Biblia, no es solamente un lugar geográfico. Es el lugar de la prueba y de la transformación. Es el lugar donde desaparecen nuestras seguridades y somos llamados a decidir en quién ponemos nuestra confianza.

Israel es tentado en el desierto. Y también Jesús, antes de comenzar su misión, pasa cuarenta días en el desierto y es tentado.

En el fondo, la tentación es siempre la misma: confiar en Dios o confiar únicamente en nosotrosmismos.

Cuando todo sucede según nuestros proyectos, es fácil creer. Más difícil es seguir confiando cuandollega el desierto: cuando no comprendemos, cuando la vida toma una dirección distinta de la quehabíamos imaginado, cuando Dios parece guardar silencio.

Es lo que le sucede a Israel. El pueblo se cansa, murmura contra Dios y contra Moisés, y aparecenlas serpientes. Entonces Dios ordena a Moisés levantar una serpiente de bronce. Quien la mirequedará con vida.

En el Evangelio, Jesús retoma precisamente esta imagen: «Lo mismo que Moisés elevó la serpienteen el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre».

Hay que mirar a la Cruz.

También la Cruz, humanamente hablando, es una paradoja. ¿Cómo puede un instrumento de muerte convertirse en fuente de vida? ¿Cómo puede un hombre derrotado y crucificado ser el Salvador del mundo?

Y, sin embargo, es precisamente aquí donde se manifiesta el modo de actuar de Dios.

La respuesta está en las palabras que acabamos de escuchar: «Tanto amó Dios al mundo, queentregó a su Hijo único».

Esto es lo que vemos cuando miramos a la Cruz: un gran amor.

La Cruz no nos muestra solamente hasta qué punto el hombre es capaz de hacer sufrir. Nos muestra, sobre todo, hasta dónde Dios es capaz de amar.

Y por eso hoy «exaltamos» la Cruz. No exaltamos el dolor, la violencia o la muerte. Exaltamos elamor que, en medio del dolor y de la muerte, permanece fiel hasta el final.

San Pablo lo expresa con palabras extraordinarias: Cristo «se despojó de sí mismo», «se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz». Por eso Dios lo exaltó.

La Cruz nos muestra una lógica completamente distinta de la nuestra. Nosotros querríamos vencereliminando el sufrimiento; Cristo vence atravesándolo. Nosotros querríamos vencer el mal con la fuerza; Cristo lo vence con la entrega de sí mismo. Nosotros querríamos salvarnos a nosotrosmismos; Cristo salva entregándose a sí mismo.

Y es precisamente de aquí de donde nace la esperanza cristiana.

La Cruz no nos promete una vida sin sufrimiento. Nos dice algo mucho más grande: ya no existesufrimiento alguno en el que Dios no pueda estar presente.

Por eso, la Cruz no se explica con palabras. La Cruz se atraviesa. Y es atravesándola con Cristo como descubrimos que también el lugar de la prueba puede convertirse en el lugar donde Dios se manifiesta como amor.

Estas palabras adquieren para mí un significado particular, viniendo de Tierra Santa.

Nuestra tierra está atravesando un largo desierto. Un desierto hecho de guerra, miedo, violencia, sufrimiento y falta de perspectivas. Muchas personas se preguntan dónde es posible encontrartodavía una esperanza.

Desde el Gólgota, nosotros, los cristianos, no podemos ofrecer explicaciones fáciles. Pero podemosseñalar una Cruz y decir: Dios no ha abandonado al hombre.

En el Gólgota, Dios entró en la herida de la humanidad. Y a pocos pasos del Gólgota hay un Sepulcro vacío.

Por eso la Cruz es esperanza: porque la Cruz lleva ya dentro de sí la promesa de la Resurrección.

Y este es, creo, el significado más profundo del hermanamiento que hoy celebramos.

Aquí, en Santo Toribio, custodiáis una preciosa reliquia del madero de la Cruz. En Jerusalén, nosotros custodiamos el lugar donde aquella Cruz fue levantada.

Pero ambos estamos llamados, sobre todo, a custodiar y anunciar el significado de la Cruz.

Desde Jerusalén, el Gólgota sigue diciendo al mundo: «Tanto amó Dios al mundo».

Desde Liébana, el Lignum Crucis sigue recordándonos: este amor llegó hasta la Cruz.

En un mundo en el que con demasiada frecuencia se responde a la violencia con más violencia, al odio con más odio y a una herida con una nueva herida, la Cruz nos señala un camino diferente: elmal no se vence multiplicándolo, sino con un amor más grande.

Hoy, por tanto, desde Santo Toribio dirigimos espiritualmente nuestra mirada hacia Jerusalén, haciael Gólgota. Y desde el Gólgota miramos hacia el Sepulcro vacío.

Este es el camino de nuestra fe: del desierto a la confianza, de la tentación al abandono en Dios, de la Cruz a la vida, de la herida a la esperanza.

Porque la Cruz nos dice que hemos sido amados. Amados sin medida. Amados hasta el final.

Ave, Crux, spes unica.

Salve, oh Cruz, nuestra única esperanza.

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