Río Jordán

Al este de Jericó se encuentra la entrada al lugar que conmemora el bautismo de Jesús, recibido a manos de Juan el Bautista en el río Jordán. El río fluye en medio de este venerado territorio cortándolo en dos partes políticamente distintas y hoy forma la frontera entre el área controlada por Israel (al oeste) y Jordania (al este). 
El lugar del bautismo está indicado con el nombre árabe de Qasr al-Yahud, fortaleza de los judíos, probablemente en recuerdo del paso del río por parte de los israelitas a su llegada a la Tierra prometida (Jos 3,14-17).

El Jordán, cuyo nombre significa “que fluye hacia abajo”, nace de la confluencia de tres cursos de agua, los tres alimentados por los manantiales del monte Ermon (Hermon): el torrente Senir o Hasbani, el torrente Dan y el torrente Banias.   El curso del Jordán, hasta el Mar Muerto, se despliega a lo largo de unos 300 km., aunque en línea recta serían solo 170; en la práctica, la longitud del río se duplica debido a sus numerosos meandros.  La evaporación es muy intensa, debido al clima. El caudal disminuye aún más debido a los afluentes en ambas orillas, de manera que solo un pequeño porcentaje de las aguas llegan al Mar Muerto. El valle fluvial, de una anchura entre 10 y 25 km, es la grieta más profunda hendida en la corteza terrestre, entre las que no están completamente llenas de agua. En la era glacial (hace 100.000 años), toda la depresión formaba una cuenca que se unía con el Mediterráneo en Bet Shean.  Actualmente, de aquella cuenca solo quedan dos lagos: el de Genesaret (212 metros sobre el nivel del mar) y el Mar Muerto (a -426 metros).  En cualquier caso, el cauce del Jordán solo es un segmento de una fractura mucho más extensa en la corteza terrestre, que comienza en el valle de Oronte en Siria y se prolonga hasta África a través del golfo de Áqaba y el Mar Rojo.

Directamente en el río Jordán se sitúa el lugar del bautismo, en árabe al-Maghtas, donde se recuerda este episodio de la vida de Jesús desde al menos – por lo que sabemos – el siglo VI (a juzgar por el mapa de Madaba). Es posible que originalmente se eligiera esta orilla del Jordán porque era más fácil de alcanzar que la orilla este. 
Desde los orígenes del cristianismo hasta hoy se ha debatido porqué Jesús, el Mesías, necesitaba ser bautizado por su precursor. La respuesta hay que buscarla en su opción absoluta por la solidaridad: Jesús quería cumplir «toda justicia» a los ojos de Dios, en beneficio de todos los seres humanos.  Él es el «cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29).
El evangelio de Juan también menciona otro lugar dedicado a los bautismos: Ennon en Salim, pero queda claro, en los cuatro evangelios, que el bautismo de Jesús no pudo llevarse a cabo allí porque sucedió «en el desierto» (Mc 1,4; Lc 3,2). Mateo (3,1) precisa: «en el desierto de Judea».  El cuarto evangelista también nombra la zona: «Betania, más allá del Jordán, donde Juan estaba bautizando» (Jn 1,28).

Un testimonio de la importancia del lugar del bautismo de Jesús en el Jordán nos ha llegado a través del Peregrino Anónimo de Piacenza, ya en el año 570.  Habla de una cruz colocada sobre una columna de mármol en el centro del río, para indicar el acontecimiento del Bautismo.
Según los recuerdos históricos, los franciscanos realizan su peregrinación anual a este sitio al menos desde 1641.

Desde 1967, como consecuencia de la guerra entre Israel y Jordania, toda el área se cerró a peregrinos y turistas y se convirtió en un enorme campo minado (55 hectáreas) y en zona militar. Solo el año 2000, para la visita del papa Juan Pablo II a Tierra Santa, se abrió un pequeño acceso, que después se cerró de nuevo tras la primera intifada. En 2011 las autoridades israelíes volvieron a limpiar una pequeña parte del terreno para hacerlo accesible a los peregrinos.

Desde enero de 2018 la organización Halo Trust ha eliminado poco a poco las minas de todos los territorios que pertenecen a las ocho iglesias cristianas, propietarias de la zona: católica, greco-ortodoxa, armenia, copta, etíope, rumana, siria y rusa. 
El 9 de julio de 2018 le tocó el turno al terreno de los franciscanos.  Se procedió a retirar las minas desde la carretera principal hasta la iglesia, alrededor de la iglesia y dentro de la iglesia. No se encontró ningún material sospechoso en la iglesia y el convento, pero los trabajadores de Halo Trust solicitaron la retirada de todos los objetos.
 (MÁS INFORMACIÓN AQUI El convento franciscano en el río Jordán 50 años después de la clausura y Transformar un campo de batalla en un campo de paz).
De acuerdo a las previsiones de Halo Trust, muy pronto casi 30.000 metros cuadrados de superficie serán declarados libres de minas.


La iglesia franciscana
En 1932 la Custodia de Tierra Santa adquirió un terreno en las inmediaciones del lugar del bautismo de Jesús en el río Jordán y en 1933 hizo construir allí una capilla cerca del río.  En 1935, a poca distancia fue inaugurada la pequeña iglesia que aún hoy se conserva, dedicada a San Juan Bautista.  La estructura se desarrolla en dos niveles.  En la planta baja se encuentran las habitaciones del convento, utilizadas como hospedería y lugar de apoyo para los frailes, que regresaban por la noche al convento de Jericó (del que, de hecho, depende el del sitio del bautismo).  A través de las escaleras situadas en el exterior del edificio, se puede acceder a la planta superior donde se encuentra la pequeña iglesia, rematada por una cúpula y completamente rodeada de vidrieras.
El edificio de los franciscanos fue restaurado después del terremoto de 1956 pero, a raíz del abandono del lugar durante la guerra de los Seis Días, sufrió más daños.  Actualmente no es accesible para los peregrinos pero se está trabajando para poder reabrir nuevamente este espacio.

El monasterio greco-ortodoxo
A un kilómetro de distancia de la orilla del río Jordán se encuentran las imponentes ruinas del monasterio ortodoxo griego del Precursor (Pròdromos), es decir, Juan el Bautista, con una cripta de época bizantina. En la Edad Media el emperador bizantino Manuele Comneno (1143-1180) hizo reconstruir y fortificar el monasterio, que sin embargo después volvió a decaer de nuevo.  En 1882 el Patriarcado greco-ortodoxo compró el terreno e hizo resurgir la comunidad religiosa.  El nombre arameo-sirio del monasterio es muy antiguo, y también se conserva en árabe: Mar Yuhanna, literalmente el Señor Juan (cfr. la antigua invocación cristiana Mar-ana tha, «¡Ven, Señor!», en 1Cor 16,22).  En la iglesia de lengua aramea, de hecho, el título de señor/señora sigue siendo equivalente al de santo/santa.

El complejo monástico pronto será reabierto. Así lo anunció a finales de enero de 2018 el patriarcado greco-ortodoxo de Jerusalén.  En un comunicado oficial se explica que en el monasterio se están realizando obras de reestructuración para convertirlo de nuevo en un santuario ortodoxo y lugar de acogida para los peregrinos.
 

“Por entonces viene Jesús desde Galilea al Jordán y se presenta a Juan para que lo bautice.  Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?». Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia». Entonces Juan se lo permitió.  Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».  (Mt 3,13-17).

Qasser el Yahud 
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