Unidad de los Cristianos: se concluye la Semana pero no el Camino (2006)


“¡Avergoncémonos si el año próximo volvemos a vernos!” Padre Mtanios, vicario patriarcal de la iglesia Melquita (greco-católica) no dejó de pronunciar estas palabras proféticas en su iglesia en la conclusión de la semana de oración por la unidad de los cristianos que se desarrolló en Jerusalén del 22 al 29 de enero.

A los ojos de occidente y de los peregrinos que pasan por Tierra Santa, la división entre las Iglesias emerge con mayor evidencia y refleja la tristeza que esta provoca. Pero, visto desde dentro y sobre todo durante esta semana de oración, la Tierra Santa es el lugar en que la unidad es más fuerte. Ningún otro sitio en el mundo ofrece una posibilidad tal de poder encontrar tantas confesiones cristianas y poder unirse en oración. Cada día de la semana, los cristianos de la ciudad hemos podido reunirnos en una iglesia diversa para orar juntos. Hay que decir que los griegos ortodoxos no han participado plenamente.

No obstante, por segundo año consecutivo, esta Iglesia dio la oportunidad de inaugurar la semana con la oración de completas junto al Calvario y un sacerdote griego-ortodoxo, padre Alejandro, asistió a todas las celebraciones. Los anglicanos, armenios, luteranos, latinos, coptos, etíopes y griegos católicos han abierto sus puertas y sus corazones a la comunidad cristiana de Jerusalén, compuesta por cristianos locales y por otros tantos que provienen del mundo entero. Estos últimos viven en Jerusalén, oran y trabajan para que esta unidad se haga efectiva. De hecho los cristiano-árabes de la ciudad, como todos los del país, han aprendido a través de los siglos a vivir juntos y no tienen necesidad de esta semana para encontrarse. Pasar de una iglesia a otra para ellos es natural. Las mismas familias reflejan las diversas caras de la Iglesia universal. Y todo se hace sin renegar de la propia identidad: se es lo que se es: latinos, griegos, coptos, anglicanos, pero el otro es un amigo, un primo, un hermano tanto en sentido propio como figurado.

Ciertamente la teología, los dogmas y algunas tradiciones se encuentran en contraste. “¿Qué es lo que nos separa de los griegos? El filioque … ¡ah sí! …” silencio “¿y qué cambia el filioque? …” Es bastante difícil, será mejor ir y tomar el café ofrecido al término de cada celebración en una atmósfera de fraternidad. Es edificante verlos a todos reunidos, se discute, se bromea,… Los encuentros se hacen con el deseo de conocer al hermano que ha orado junto a mí pero que es de otra confesión. ¡En cuántas lenguas se habrá oído rezar esta semana! Árabe, hebreo, armenio, guez, siríaco, griego,… pero también en español, inglés, francés, italiano, danés, sueco, alemán… Es una de las señales que habla el libro de los Hechos de los Apóstoles. De hecho la semana de oración por la unidad de los cristianos en Jerusalén es un soplo de Pentecostés que llega para vivificar los espíritus y los corazones.

Uno de los momentos fuertes de la semana fue sin duda el que se desarrolló en el Cenáculo: el lugar de Pentecostés y del nacimiento de la Iglesia. El lugar santo, ahora “neutro” porque ninguna iglesia puede celebrar en él, pero que nos reunía a todos en el espíritu de una Iglesia Una e Indivisa. Aquí, en una liturgia solemne y sentida, el Abad de Abu Gosh afirmó con fuerza: “Nunca hay infidelidad en escuchar al otro”. Durante esta semana no se ha tratado de renegar de sí mismo, de la propia identidad histórica, cultural, espiritual; se ha tratado sobre todo de respetarse, de caminar juntos, con diferencias, pero tratando de amar al hermano y a la humanidad, trabajar para conocer y amar a Cristo.

“¡Avergoncémonos si el año próximo volvemos a vernos!” “Pero Padre seguramente nos encontraremos juntos, y si los griegos ortodoxos se reúnen con nosotros como ha dejado entrever padre Alejandro? Entonces con gran alegría cederé mi puesto, para que la clausura se haga en el Catholicón, mejor que aquí”. “¡Avergoncémonos si el año próximo volvemos a vernos!”, pero si el próximo año están los griegos ortodoxos presentes, ¡entonces será una gran fiesta!

MAB