Una luz para un futuro mejor: la Casa del Niño de Belén

El comienzo del nuevo año escolar marca también el duodécimo año de actividad de la Casa del Niño de Belén. El hogar de acogida de la Custodia de Tierra Santa ofrece a niños y adolescentes entre los 6 y los 18 años que se encuentran en situaciones familiares difíciles una alternativa a su desamparo cotidiano, una luz que ilumina el camino de sus vidas.

Son veintinueve los chicos acogidos este año, algunos recién llegados, otros ya integrados desde hace años en el itinerario académico y humano de la Casa.  Varias figuras componen un equipo de profesionales competentes en diferentes áreas: el asistente social y psicológico, figura central en la casa; los educadores que siguen la vida de los chicos en sus necesidades diarias; los profesores de la escuela de Tierra Santa, que se ofrecen voluntariamente a ayudar a los muchachos durante el tiempo dedicado al estudio; dos señoras para la cocina y las labores domésticas; y un fraile, que además de ser una presencia garantizada, representa la figura del “hermano mayor”.

El proyecto nació de una idea de fray Amjad Sabbara, actual párroco de San Salvador en Jerusalén.  Fray Sabbara, en su recorrido anual para bendecir las casas de los parroquianos, percibió varias situaciones infelices: algunos niños tenían que lidiar con el divorcio de sus padres, otros debían afrontar problemas con la droga, hasta incluso casos de violencia doméstica de distintos tipos.  Originalmente, se pensó que la alternativa podía ser simplemente actividades extraescolares, para permitir a los chicos pasar el mayor tiempo posible fuera de casa, dedicados al estudio. Así habrían comprendido la importancia de realizar sus proyectos personales, para poder seguir creyendo en un futuro próspero.  Poco después, fray Amjad fue trasladado y le sustituyó fray Marwan Di’des.
Ya como responsable de la escuela de Tierra Santa de Belén, fray Marwan decidió vincular este proyecto a la realidad de la escuela. Así fue como las extraescolares, con el consenso del entonces Custodio, monseñor Pierbattista Pizzaballa, se convirtieron en un proyecto residencial de forma que los jóvenes empezaron a vivir de manera estable allí desde el lunes hasta el sábado por la tarde, como en casa.

El objetivo, usando las palabras del propio fray Di’des, es: “Ayudar a los chicos a ver que es posible vivir de otra manera, ofreciéndoles una verdadera experiencia de familia, de casa, un lugar tranquilo y sereno, sin problemas, sin los gritos de los padres, sin la presencia de droga y violencia”.
En la inauguración, el 24 de septiembre de 2007, había ocho chicos.  Ya en Navidad subieron a doce, y a final del año escolar ya eran dieciocho.  Gracias a la colaboración con la escuela de Tierra Santa, que empezó a servir de puente, los casos de riesgo eran interceptados y creció tanto el número de muchachos acogidos como la aprobación de la población hacia esta obra.  Actualmente son los mismos padres, tíos o vecinos, los que avisan de las situaciones especiales a los responsables del centro.

Los resultados llegaron con los años: varios estudiantes que vivieron en esta casa ya se han casado o tienen un proyecto de matrimonio y familia.  Otros han trabajado mucho para comprar una casa. Un joven, que llegó con unas notas muy insuficientes, en la actualidad enseña matemáticas y física.
Los jóvenes alojados en el centro, una vez que terminan su estancia, siempre están encantados de regresar, haciendo así de la casa un importante punto de referencia para sus vidas.
Todo lo mueve la confianza en el Señor, luz en la adversidad, que se convierte en una presencia importante para la vida de los muchachos. De este modo consiguen comprender, a través de su experiencia de vida, tanto las bases de la fe como la confianza en los demás.

Desde el principio, el proyecto encontró bases económicas sólidas en la ayuda procedente de donantes de la Fundación Franciscana para Tierra Santa (Franciscan Foundation for the Holy Land).  Hasta 119 jóvenes y, por tanto, 119 familias de Belén y de las cercanas Beit Sahour y Beit Jala, ya han experimentado una alternativa al concepto de familia que conocían.  También el nuevo responsable, fray Fadi Azar, se une a este importante camino con alegría.
El propósito del viaje es garantizar a los niños la oportunidad de construir recuerdos de infancia serenos, sembrar un espíritu de alegría que puedan recuperar de mayores, cuando piensen en su infancia.  Como una gran luz que ilumina el camino que conduce a un futuro mejor.


Giovanni Malaspina