Sor Guadalupe de Dios: después de 22 años, una nueva profesión perpetua entre las Clarisas de Jerusalén

El domingo 10 de mayo, en el monasterio de Santa Clara en Jerusalén, sor Guadalupe de Dios hizo su profesión solemne en manos de la delegada y responsable de la comunidad de clarisas, sor María de Nazaret, durante la celebración eucarística presidida por el administrador apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén, monseñor PierbattistaPizzaballa.

Serena y luminosa, pero visiblemente emocionada, la argentina sor Guadalupe, que se encuentra en el monasterio de Jerusalén desde hace cuatro años, ha completado su recorrido de discernimiento vocacional.  “No sucedía desde hace 22 años” recordaba sor María de Nazaret al final de la celebración, identificando el acontecimiento como un signo de alabanza y acción de gracias a Dios en este momento en concreto.  “Al celebrarla hoy”, continuaba sor María de Nazaret, “en este contexto de pandemia, la profesión solemne de sor Guadalupe tiene un valor de testimonio de la vida contra la muerte; de que siempre es posiblela alegría, contra la propagación de la tristeza y el miedo”.

Una celebración sencilla e íntima en la que “la Palabra de Dios iluminó el acto”, como refería monseñor Pizzaballa en su homilía.

En su comentario a las lecturas, monseñor Pizzaballa citó la historia de la primera comunidad cristiana de Jerusalén (Hch 6, 1-7) en la que, ante una emergencia social por el servicio a las mesas, entre “discusiones, opiniones y visiones diferentes”, nace el ministerio diaconal.  Así, en las comunidades del antiguo Israel, continuó Pizzaballa, “también se abre camino, poco a poco, el proyecto de Dios”. Una historia hecha de tribulaciones, que implica a todos y nos lleva a cumplir la voluntad de Dios a través de nuestras luchas, esfuerzos y deseos, con toda nuestra humanidad, que involucra a toda nuestra Iglesia en un proyecto aún por realizar, pero donde tenemos la certeza de que “todo es gracia”.

“Me gusta pensar en tu historia y tu vocación” comentó el administrador apostólico, “como una búsqueda agotadora pero sincera del rostro del Padre. En el fondo, si lo pensamos por un momento, esta es también la historia de todos nosotros”. Para concluir, deseó a sor Guadalupe que el Espíritu Santo la llene de ese fuego sagrado que purifica, da energía e inflama de amor renovado para abrirse a una nueva y gozosa contemplación del rostro de Dios, rostro de “misericordia y paz”.

 

También la Custodia de Tierra Santa quiso estar junto a la comunidad de las hermanas clarisas con este mensaje: Con gran alegría, nosotros los frailes de la Custodia de Tierra Santa también damos gracias al Señor por este don, deseando a sor Guadalupe una vocación santa, que sea nueva semilla, una plantita de San Francisco, siguiendosiempre el ejemplo y el carisma de nuestra madre Clara, y sea signo visible del Rostro del Padre y de Su Amor en Cristo por nosotros.

Sor Guadalupe, ¡qué siempre te acompañe la Santa Virgen María, y te bendiga con su bendición materna para que puedas ser siempre fiel a Su Hijo Nuestro Señor que te ha elegido y te ha llamado!