Profesiones solemnes: los pueblos de la tierra en una sola fraternidad

Los frailes que hicieron su profesión solemne el domingo 11 de octubre en Jerusalén proceden de nueve países diferentes: Congo-Kinshasa, Congo-Brazaville, Italia, Siria, México, Brasil, Perú, Colombia y Sudáfrica. Los dieciséis franciscanos entregaron en manos del Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton, su voto a Dios de vivir hasta la muerte en obediencia, sin nada propio y en castidad, según la regla de la Orden de los Frailes Menores. La celebración tuvo lugar en la iglesia de San Salvador en Jerusalén, a puerta cerrada debido a la pandemia del coronavirus y al cierre decretado en Israel.  En todo el mundo, familiares y amigos de los profesos solemnes pudieron seguir la misa en streaming directo desde la página de Facebook de la Custodia de Tierra Santa y desde el Christian Media Center.

“El momento que vivimos es un tiempo que nos entrena para vivir nuestra vocación aprendiendo a permanecer en la situación en que nos encontremos, en lugar de tratar de escapar de ella – dijo el Custodio de Tierra Santa en su homilía –. Es un tiempo que nos educa en la obediencia, porque nos obliga a aceptar las circunstancias en que nos encontramos. Es un tiempo que nos enseña a vivir con serenidad y alegría franciscana la existencia sin nada propio, porque en la situación en que estamos nos damos cuenta de que no somos dueños de nada, sino que tenemos que aceptar limitaciones, renuncias e incluso vivir este día de manera distinta a la que habíamos imaginado. Es un tiempo que también nos enseña algo sobre la castidad, sobre el valor que tiene nuestro cuerpo y poder ofrecérselo enteramente al Señor”.

Después, fray Francesco Patton dijo que en las profesiones solemnes y en la celebración veía cumplirse el sueño de Dios del que hablaba el profeta Isaías y también Jesús en el Evangelio: “El de ver a todos los pueblos de la tierra subir a Jerusalén y convertirse en una sola fraternidad, representada por vosotros porque venís de cuatro continentes distintos, y participar en el banquete de bodas preparado para nosotros por el mismo Señor”. Luego, fray Francesco Patton subrayó que la llamada recibida por los dieciséis frailes es un don de Dios y aunque requiera mucha entrega, podrán serle fieles porque “es Él quien lo hace posible” (aquí la homilía completa).

Antes de los votos perpetuos, los frailes se postraron en tierra ante el altar y pidieron, junto con la asamblea, la intercesión de todos los santos. Después se arrodillaron para pronunciar la profesión solemne, acompañados de sus padrinos. Al final de la misa, algunos frailes quisieron agradecer, en nombre de todos, a sus familias, a los formadores y en especial a fray Donaciano, maestro de estudiantes, y a todos los ministros provinciales de las distintas Provincias a las que pertenecen los nuevos profesos, que no pudieron estar presentes en un momento tan importante.

“El camino recorrido hasta aquí ha estado marcado por varios momentos – expresó fray Andrea, uno de los profesos solemnes – de alegría, de cansancio, de expectativas y esperanza, pero siempre en constante relación con el Señor en total confianza y abandono, con admiración y asombro, diciendo como Pedro: «Aquí estamos, hemos dejado todo y te hemos seguido»”.  Ante la promesa del Señor a Pedro de darle cien veces más junto con persecuciones (Mc 10, 28-31), los frailes rezaron: “Aquí estamos Señor, haz de nosotros lo que quieras, concedenos la gracia de estar preparados para todo, pero tú, Señor, no te alejes de nosotros ni un instante”.

 

 

Beatrice Guarrera