Primera visita oficial del nuevo cónsul francés al Santo Sepulcro

El miércoles 6 de noviembre, a pesar de la multitud de la basílica de la Resurrección, el flujo ininterrumpido de peregrinos se detuvo por unos instantes.
Llegados desde la Puerta de Jaffa, los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa acompañaron al nuevo cónsul general de Francia, René Trocaz, para su ingreso en el Santo Sepulcro.

Cuando la Custodia ya estaba instalada en Tierra Santa, el sultán Solimán el Magnífico, mediante el tratado de Capitulaciones de 1536, confió a Francia la protección de los Santos Lugares.  Desde ese momento, la Custodia y Francia han colaborado, cada una a su manera, para custodiar los lugares santos y proteger a las comunidades cristianas locales.

La Custodia ha recibido la ayuda de otras naciones latinas: Italia, España y Bélgica.  Apoyo que, junto al francés, se recuerda en diferentes circunstancias durante el año. Pero la historia quería que el cónsul general de Francia tuviera derecho a la entrada en el Santo Sepulcro.

Frente a la tumba, el vicario custodial, fray DobromirJasztal, le dirigió algunas palabras: “para un creyente, no hay mejor saludo que invocar la bendición de Dios sobre la persona a la que se recibe.  Para un cristiano, no hay sitio más importante que esta tumba vacía.  El lugar donde Jesús nos convirtió en hombres libres, libres de la muerte y el pecado. Para un franciscano, guardián desde hace 800 años de los santos lugares y al servicio de la comunidad cristiana, nada es más importante que la fidelidad a la misión que le ha sido confiada”.

Inmediatamente después, se proclamó el evangelio de la Resurrección en latín, seguido de la bendición del nuevo cónsul general Trocaz y su misión.  Luego, el vicario acompañó al cónsul general a la tumba con fray StéphaneMilovitch, responsable de la Oficina de Patrimonio Cultural de la Custodia.

Después, la asambleadevolvió la tumba a la devoción de los fieles, mientras fray Stéphane guio una breve visita al edificio para el representante del Estado francés y su delegación.

En la plaza de la basílica, los frailes franciscanos esperaban, preparados para escoltar al cónsul general, su séquito y una gran multitud de franceses que viven en Jerusalén hasta la iglesia de Santa Ana, dominio nacional francés. En la iglesia, los padres misioneros de África, responsables del sitio, le recibieron en la entrada para su ingreso solemne al son del Te Deum.  Al final de la breve celebración, el cónsul general agradeció a la Custodia, a los Padres Blancos y a la asamblea, diciendo que en su persona Francia ha renovado su compromiso, en especial al servicio de los cristianos de Oriente, junto con las instituciones cristianas que le recibieron hoy.

Un refrigerio concluyó este acontecimiento extraordinario.

 

MAB