Ordenación diaconal de diez frailes franciscanos

El 12 de mayo, el domingo del Buen Pastor, en la iglesia de San Salvador de Jerusalén, diez frailes franciscanos fueron consagrados diáconos, el primer grado del orden sagrado.

La celebración fue presidida por el administrador apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén, monseñor PierbattistaPizzaballa, en presencia del Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton.  Este último introdujo la celebración, subrayando cómo  la presencia de los nueve jóvenes significaba ponerse por completo a disposición de la Iglesia. Fue el mismo fray Patton quien presentó al administrador apostólico los candidatos al diaconado. “Algunos de vosotros”, dijo monseñor Pizzaballa dirigiéndose a los candidatos durante su comentario al Evangelio, “llevaréis a cabo aquí vuestro servicio, otros en otras partes del mundo, pero me gusta pensar que de algún modo la Iglesia de Jerusalén envía al mundo cada año diáconos y sacerdotes que anuncian lo que han visto y oído” (1Jn, 1,3)

Después, el arzobispo continuó dando indicaciones a los nuevos diáconos a la luz del Evangelio del día, aconsejando a los frailes pertenecer a Jesús y experimentarlo, escuchándolo y siguiéndole siempre: “es la experiencia de ser “sus ovejas” la que debe expresar vuestro servicio de diáconos”.  En su conclusión, monseñor Pizzaballa recordó que es necesario liberarse de las dinámicas humanas, sin apoderarse de la obra de Dios para una gratificación personal.   “Jesús fue el primero – dijo – que vivió esta experiencia en su relación con el Padre, y el Padre le devolvió la vida, eterna y verdadera”.

Entre las muchas emociones que siguieron a la celebración, fray Marco Carrara, nuevo diácono italiano, comentaba así: “el diaconado para mí es como un signo visible y real de servicio, que me recuerda ser cada vez más un instrumento para la Iglesia, para servir a los otros en su vida diaria”.  Una visión compartida también por fray Ricardo Ortega Gutiérrez, nuevo diácono mexicano, que declaraba: “para mí el diaconado es una posibilidad que Dios me ofrece para servir a su Iglesia, profundamente en línea con la invitación de San Francisco a la minoridad, a ponerse al servicio de los demás, de los que necesitan un Dios cercano”. Un momento de reflexión y también de agradecimiento a Dios para fray Ricardo “porque me da la posibilidad de continuar este itinerario de vida, siempre al servicio y a favor de la caridad que se expresa en el servicio a la Palabra y al Pan Eucarístico, el lugar que es fuente de toda nuestra vida cristiana”.

 

Giovanni Malaspina