Los cristianos como ciudadanos de Tierra Santa. El custodio, protagonista del encuentro organizado por la UCID en Treviglio | Custodia Terrae Sanctae

Los cristianos como ciudadanos de Tierra Santa. El custodio, protagonista del encuentro organizado por la UCID en Treviglio

Centro Salesiano Don Bosco, Treviglio. 3 de marzo de 2012

Durante la tarde del sábado 3 de marzo, en el auditorio del Centro Salesiano Don Bosco de Treviglio, se ha celebrado un encuentro con el custodio de Tierra Santa, fray Pierbattista Pizzaballa, sobre el tema Católicos y otras comunidades cristianas en Tierra Santa: ¿peregrinos o ciudadanos como los judíos y musulmanes? La iniciativa, que ha contado el patrocinio de la Consejería de Cultura de la ciudad de Treviglio, ha sido promovida y organizada por la UCID –Unión Cristiana de Emprendedores Directivos. La UCID es una asociación apolítica de emprendedores, directivos y profesionales que tiene como objetivo la formación moral y espiritual de sus miembros, así como incentivar la ética personal y profesional a través del conocimiento y el respeto a los principios morales, cristianos y de la doctrina social de la Iglesia. La UCID se ocupa también de sensibilizar a la comunidad sobre temas y problemas de especial interés gracias a conferencias públicas que afronten las distintas cuestiones de forma autorizada, competente y profunda.

En este contexto se enmarca también el encuentro del pasado sábado en Treviglio que ha tenido como protagonista al custodio de Tierra Santa. En una hermosa sala llena de gente, entre los que había muchos miembros de la UCID procedentes de distintas zonas de Lombardía, había también muchos amigos que han acogido a fray Pierbattista a su llegada. Muchos de los presentes conocían al custodio desde hace tiempo pues es originario de Cologno al Serio (Bolonia), una localidad de estas mismas tierras lombardas; otros le han conocido en Tierra Santa, donde fray Pierbattista vive desde hace muchos años, y son amigos o colaboradores de la Custodia franciscana. Entre todas las personas que se han reunido con afecto en torno al custodio estaba también su familia, orgullosa y conmovida.

En la mesa de los conferenciantes y junto a Mons. Roberto Ziglioli, consejero de la UCID de Treviglio y rector emérito del Santuario de Santa María del Fonte de Caravaggio, a don Ettore Guerra, director del Centro Salesiano de Treviglio, y al arch. Italo Scaravaggi, presidente de la sección de la UCID de Treviglio, fray Pierbattista ha pronunciado una conferencia muy interesante y articulada, basada en un análisis exhaustivo de la condición, el papel y las perspectivas de los cristianos en Tierra Santa. Con una breve introducción, fray Pierbattista ha explicado que la expresión «Tierra Santa» tiene una connotación religiosa con la que los cristianos se refieren a la geografía de la fe, a los lugares precisos en los que Dios se ha revelado al hombre y donde se ha consumado la historia de la salvación, los lugares a los que, por eso, todos pertenecemos y que han dado origen a nuestra fe y a nuestra cultura.

El custodio ha continuado después su intervención proporcionando algunos datos numéricos relativos a los distintos grupos de cristianos que viven en Tierra Santa, informaciones necesarias para comprender mejor la dinámica en la que están implicados los protagonistas. De los cerca de 170.000-175.000 cristianos de Tierra Santa, que constituyen el 1,1% de la población total, la mayor parte pertenece a las Iglesias ortodoxas orientales (griega, armenia, copta…), mientras que alrededor de 40.000-45.000 son católicos. El resto de grupos representa, por su escasez numérica, solo una presencia simbólica. El 60% de los cristianos vive en el Estado de Israel y el 40% restante en los territorios palestinos y en Jerusalén Este. Esta ciudad tiene una fisionomía particular en lo que se refiere a su composición demográfica: la ciudad acoge de hecho a unos 500.000 judíos, 260.000 musulmanes y alrededor de 12.000 cristianos árabes palestinos. Existe también una pequeña comunidad de cristianos de origen judío (cerca de 5.000 personas), que ha renacido después de muchos siglos tras la creación del Estado de Israel y que está compuesta en su mayor parte por cristianos evangélicos, aunque cuenta con algún centenar de católicos. Finalmente, está el grupo de trabajadores extranjeros cristianos que, sobre todo en los años más recientes, se ha hecho bastante numeroso en Israel, contando más o menos con unas 350.000 personas, sobre todo filipinos, indios y suramericanos.

Fray Pierbattista ha seguido después con el examen de la condición de cristiano en el Estado de Israel y en Palestina, respectivamente, subrayando lo específico y las diferencias de las dos situaciones. En particular, el Estado de Israel, aún teniendo la vocación de garantizar una patria a los judíos, es esencialmente democrático y garantiza a todos sus ciudadanos el reconocimiento de los derechos civiles y sociales fundamentales. En este contexto, el principal problema concierne a la identidad de los ciudadanos, especialmente de las minorías no judías porque, a falta de un concepto de laicidad del tipo occidental, la pertenencia religiosa define también la pertenencia social, cultural y civil de la persona. La fe que profesa cada uno, por tanto, tiene una clara función pública y civil. En los territorios palestinos, caracterizados por una grave fragmentación territorial y social, la situación es sin embargo más delicada, faltando con frecuencia las clases sociales y profesionales intermedias y no estando aún garantizada la asistencia socio-sanitaria. La duración del conflicto agrava ciertamente la fragilidad de la situación. Mientras que en el Estado de Israel la Iglesia desarrolla una labor sobre todo eclesial y pastoral, en Palestina asume también muchas de las obligaciones propias del estado social: ofrece trabajo, asegura la educación y la formación escolar y garantiza la asistencia sanitaria y económica a los individuos y clases sociales más débiles. En este contexto, la autoridad religiosa supone también una importante referencia social.

El custodio ha precisado que, en el centro de esta compleja función que la Iglesia desarrolla en Tierra Santa, se encuentra la actividad educativa, promovida sobre todo a través de la red de escuelas cristianas. En el ámbito de un contexto formativo centralizado y tan ideológico, las escuelas cristianas asumen una doble función: se ocupan de la formación de la identidad de los cristianos, con una tradición formativa antiquísima y muy apreciada; y promueven el dinamismo en las relaciones interculturales y en el diálogo interreligioso, acogiendo generalmente a muchos estudiantes musulmanes, más raramente judíos, que tienen así la posibilidad de crecer juntos y de integrar más fácilmente también a la minoría cristiana.

Existe también –ha proseguido fray Pierbattista- la dimensión de las relaciones entre cristianos, es decir del diálogo entre las distintas comunidad cristianas, cada una de las cuales desea mantener un espacio propio y una presencia propia en Tierra Santa. En tal contexto, el diálogo y la discusión no abordan tanto los grandes problemas teológicos sino que se mide más bien con las cuestiones más concretas de pertenencia, de identidad y de la particular lectura de la historia de la que dependen la posibilidad de la convivencia, de la custodia de un patrimonio compartido y de la construcción de un lenguaje común.

Los cristianos –ha concluido el custodio- son por tanto ciudadanos de la Tierra Santa, igual que los judíos y los musulmanes, y el carácter cristiano de la Tierra Santa es parte integrante del territorio, por lo que existe un estilo cristiano de vivir esta realidad. A pesar de tener escaso relieve político, debido a lo exiguo de su número y a las divisiones internas, los cristianos de Tierra Santa constituyen una presencia cultural fundamental, no solo porque las peregrinaciones cristianas suponen el 66% de intenso turismo que llega a estos lugares, sino porque también tienen la importantísima misión de ser testigos de vida y de acción no violenta, creativa, capaz de activar iniciativas de crecimiento común, de construir micropuentes de paz, de superar prejuicios y miedos, de contrastar la mentalidad no violenta que tiende a reproducirse en la familia, en la escuela, en las relaciones más amplias, con frecuencia heridas y comprometidas. En esta realidad tan compleja, en el crisol bello y fascinante de la Tierra Santa donde no se puede prescindir de la relación con el prójimo y con lo distinto, hay muchas presencias de paz: individuos, grupos, asociaciones, movimientos que crean cotidianamente pequeños mundos de paz.

A la conferencia le ha seguido un intenso y vivo debate entre muchos de los presentes en la sala.

A las 18.30, en la basílica de san Martín, en el centro de Treviglio, fray Pierbattista ha presidido la celebración eucarística de las vísperas de la fiesta en la que ha tomado parte su familia, muchos amigos y conocidos, numerosos miembros de la UCID y de la comunidad cristiana local. La jornada ha concluido con una cena, ofrecida por la UCID, en el mismo centro salesiano que ha acogido el encuentro de la tarde.

Texto de Caterina Foppa Pedretti
Fotos de Alessio Rivoltella