Líbano: el encuentro entre San Francisco y el sultán se convierte en ópera lírica

El encuentro que tuvo lugar entre San Francisco y el sultán de Egipto al Malek al-Kämel en 1219, considerado ya como un modelo precursor del diálogo interreligioso, se ha convertido en el tema de una nueva ópera lírica producida por la Custodia de Tierra Santa e interpretada por primera vez en Líbano en forma de concierto el 6 de noviembre de 2021 en Beirut, en la iglesia de San Elías, y el 7 de noviembre en Trípoli, en la iglesia de San Marón, en colaboración con el Instituto Italiano de Cultura de Beirut y Pro Terra Sancta.  Noursat/Telelumiere se encargó de la trasmisión por televisión de las dos veladas, que ahora se pueden ver en el canal de YouTube y en la página de Facebook del Terra Sancta Organ Festival.

El evento, que hasta ahora no había podido celebrarse debido a la pandemia, se plantea como la conclusión ideal de las celebraciones por el octavo centenario del encuentro entre San Francisco y el sultán al Malek al-Kämel.  El promotor de la iniciativa fue el padre Quirico Calella, superior del convento de Tierra Santa en Trípoli, que involucró al profesor Bartolomeo Pirone para el libreto y al compositor libanés P. Khalil Rahme para la música.  Fray Riccardo Ceriani realizó la revisión dramatúrgica del texto inicial para adaptarlo a las exigencias del compositor y al género literario del libreto de ópera que, con la traducción al árabe de Therese Francis, la imagen de portada encargada especialmente al pintor fray Maurizio Piazza y gracias a la contribución del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación Internacional italiano, ya está disponible en Edizioni Terra Santa de Milán.

La partitura, orquestada por Fadi Taouk, fue interpretada con gran éxito de público y crítica por el coro y la orquesta de la Notre Dame University, dirigidos por el propio compositor P. Khalil Rahme, con los cantantes Bechara Moufarrej (Francisco, tenor), Grace Medawar (Clara, contralto), Fernando Afara (el sultán, baritono), Lara Jokhadar (Fátima, mezzosoprano), Tony Sfeir (Hermano Elías y el jeque, bajo), Josef Issa y Tarek Abdel Fattah (el muecín, tenor). El idioma de la ópera es el italiano, pero todos pudieron seguirla fácilmente gracias al texto del libreto en árabe, que se distribuyó gratuitamente.

El público estaba dividido casi por igual entre cristianos y musulmanes. Particularmente significativa fue la presencia del delegado del muftí de Trípoli, el jeque Mahmud Nhoman, que expresó su satisfacción con palabras de elogio y gestos de hermandad, abrazando al obispo maronita de Trípoli, Joseph Sweif, al ministro regional de los franciscanos, P. Firas Lufti y al P. Quirico Calella: “mientras escuchamos una hermosa historia de hace ochocientos años – dijo el jeque – el recuerdo nos lleva a esta bendita imagen del encuentro entre el papa Francisco y el jeque de Al-Azhar para la conclusión de una nueva década de humanidad y fraternidad en la que coincidimos”. Monseñor Sweif subrayó las buenas y continuas relaciones actuales entre las dos comunidades y el valor cultural del proyecto: “después de esta velada musical y a la vez espiritual, solo podemos renovar el pacto de seguir siendo testigos de la cultura del amor, de la cultura del perdón y de la paz” (consulta aquí los discursos del jeque y del obispo).

En el libreto San Francisco y el sultán, definido como “drama para música en cuatro cuadros”, el profesor Bartolomeo Pirone, experto en estudios islámicos y en estudios árabe-cristianos, se revela como un poeta de lenguaje “elevado”. Como en todas las óperas de género histórico-lírico, la trama presenta elementos de fantasía. El primer cuadro se desarrolla en Asís, donde Clara y el Hermano Elías intentan inútilmente disuadir a Francisco de su propósito de viajar a Egipto. El segundo y tercer cuadro describen el viaje por mar de Francisco, primero hasta la etapa intermedia de Acre (con la intervención del coro únicamente) y después hacia Egipto (un interludio musical solo con orquesta).  En el cuarto cuadro, Francisco desembarca en Damieta y es recibido con respeto por el sultán junto con su hija Fátima, el jeque y otros dignatarios. Por la noche, Fátima sueña con una granada que se abre “volcando al mundo hordas de pobres no muy distintos de los sufíes llenos de piedad” dirigidas por Francisco. El sultán y el jeque reflexionan sobre cómo comportarse con este hombre pacífico. Los encuentros de Francisco con el sultán son dos. El primer impacto es un poco rudo, pero enseguida se desvanece y los dos perciben una gracia que los une en hermandad, y Francisco puede proponer al sultán su fe en el Resucitado. Tras una noche de oración en la que se escucha el canto del muecín, el sultán responde a Francisco que está firmemente arraigado en su fe, de la que también es responsable ante su pueblo, pero como muestra de amistad concede a Francisco y a los hermanos que le siguen acceder libremente a los lugares santos que se encuentran bajo su control.  Entonces, Francisco toma el camino de regreso mientras el coro concluye solemnemente la ópera con una impresionante intervención que se cierra con una fuga vocal.

La música del padre Khalil Rahame fue unánimemente apreciada: “El estilo de la composición – dice el padre Rahme – es un poco ecléctico: además de la música clásica occidental, hay temas que recuerdan antífonas de San Francisco, antífonas gregorianas, cantos sirios, himnos modales eclesiásticos y melodías orientales, mientras que para la forma me inspiré en los oratorios de Bach y Perosi. Para las voces, compuse conociendo ya a los cantantes que las debían interpretar. La situación actual del Líbano ha afectado a la composición, en lo que se refiere a la plantilla, porque muchos músicos han abandonado el país, sobre todo los de la Orquesta Filarmónica Nacional. Por ejemplo, no he podido utilizar el trombón, las trompas, flautas y fagotes, que podré introducir en otras posibles actuaciones en el extranjero”.  Entre los objetivos de los organizadores está presentar la ópera en otros países árabes y en Italia, incluso con decorados y vestuario.

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