La parroquia latina de Jericó: un ejemplo de hermandad

Desde el primer día de Ramadán se le puede encontrar, como todos los años, en el exterior de la parroquia latina de Jericó con su hábito de fraile franciscano: es fray Mario Hadchiti, párroco de la iglesia latina del Buen Pastor de Jericó y director de la escuela Tierra Santa. Poco antes de que llegue la hora del iftar, la comida con la que los musulmanes rompen el ayuno diario del mes sagrado del Ramadán, fray Mario reparte agua y dátiles a los transeúntes. Para los que regresan a casa con prisa o tarde, recibir un vaso de agua y un dátil es una forma de romper las largas y extenuantes horas pasadas sin comer ni beber.  “Creo que, igual que Jesús se encarnó, también nosotros debemos encarnar el amor hacia los demás – explica fray Mario –. Con este gesto queremos afirmar que, como cristianos, somos pacíficos y amamos a todas las personas, sin distinción”.  Según el fraile franciscano de la Custodia de Tierra Santa, el suyo es un gesto que permite “romper el hielo” y acercarse a los musulmanes en este tiempo de oración y ayuno.

“También yo conozco el sacrificio y los beneficios del ayuno – continúa el fraile –. Quien reza y ayuna, lo hace por Dios y quiero dar gracias a quien dedica tiempo a Dios. La encíclica del Papa “Fratelli tutti” me dio valor y queremos encarnar el mensaje del Santo Padre.  Tenemos un solo Dios, vivimos en una única tierra y es una “casa grande”, suficiente para todos. Queremos aplicar en la vida diaria lo que ha dicho el papa Francisco”.

La esperanza es que este signo de acercamiento por parte de los cristianos hacia los musulmanes en la época del Ramadán, se pueda replicar también en otros sitios. “Aquí, en Jericó, repetimos este gesto todos los años y nos gustaría que también otros lo aprendieran de nosotros, de Jericó que es la ciudad más antigua del mundo. En muchos otros países nos han imitado, porque el amor contagia. Este es un gesto franciscano”.

Para fray Mario, la coexistencia pacífica con los musulmanes es una realidad cotidiana desde que se encuentra en Jericó. “La escuela Tierra Santa, de la que soy director, es la más grande de Jericó – explica el fraile –. De 900 alumnos, solo 39 son cristianos, pero nosotros no hacemos distinciones.  La escuela es un lugar de formación y educamos según las enseñanzas de Jesús y según las indicaciones establecidas para el territorio en que nos encontramos. Todos somos hijos de Dios y la nuestra es una misión franciscana al servicio de las personas”.

También en Jericó la pandemia del coronavirus ha golpeado duramente y desde el pasado agosto ha obligado a la escuela a alternar clases online y clases presenciales en pequeños grupos. “En la escuela hay huérfanos, familias que se han quedado sin trabajo o sin sueldo y, también están atravesando dificultades los que se dedicaban al sector del souvenir y del turismo.  Aunque solo recibimos el pago de algunas matrículas, todavía seguimos en pie. De manera diplomática, fraternal y humana, seguimos adelante”.  Hace solo unos días, la escuela volvió a abrir las clases presenciales para los niños hasta once años, desde infantil hasta sexto grado, mientras que el resto continuará con las clases online.

Fray Mario sigue realizando cada día su incansable labor al lado de los necesitados de Jericó, distribuyendo también medicinas, alimentos y ayudas a las familias con dificultades, pero sin olvidar la parte espiritual. La parroquia latina del Buen Pastor, de hecho, es un punto de referencia para los cristianos locales y el párroco va personalmente a llevar la comunión a enfermos y a personas que sufren. Por eso, cuando la gente le encuentra por la calle, le saludan con cariño y agradecimiento.

Por su disponibilidad y ejemplo de hermandad, también son excelentes sus relaciones con el jeque Harb, imán de la mezquita de Jericó.  En el exterior de la iglesia de Jericó, una foto lo muestra junto a fray Mario, junto con una inscripción: “Fray Mario, párroco de la iglesia latina de Jericó y director de la escuela Tierra Santa les desea un Ramadán lleno de bendiciones”.


 

Beatrice Guarrera