La fe del «hombre justo»: celebración de la fiesta de san José en Nazaret | Custodia Terrae Sanctae

La fe del «hombre justo»: celebración de la fiesta de san José en Nazaret

Basílica de San José, Nazaret. 18 de marzo de 2012

La tarde del domingo que introduce a la fiesta de san José, esposo de la Virgen María, patrono de la Iglesia universal y padre putativo de Jesús, la pequeña ciudad de Nazaret, en Galilea, ha sido la protagonista de la ceremonia solemne que ha inaugurado esta importante fiesta. Aquí se encuentra la Iglesia de San José, que se yergue a poca distancia de la Basílica de la Anunciación, en la que se encuentra la gruta que recuerda, con las palabras «Verbum caro hic factum est» a los pies del altar, el lugar del anuncio del ángel a María y que supone la encarnación de la Palabra de Dios en su vientre. El santuario dedicado al santo esposo de la Virgen recibe también el nombre de la Nutrición, porque aquí Jesús creció y fue educado hasta su edad adulta, aprendiendo el oficio de su padre. El lugar en el que se ha construido la iglesia debía de, seguramente, estar habitado desde tiempos remotos porque, con ocasión de los trabajos de edificación de la basílica actual, se han econtrado grutas, cisternas, partes de viviendas primitivas y una pequeña piscina con mosaicos y escaleras que probablemente sirvió como antiguo baño ritual y fuente bautismal en el período judeo-cristiano. En el siglo XVII, el padre Francesco Quaresmi hace referencia a un lugar «llamado por la gente local casa y taller de José... donde en un tiempo hubo una hermosa iglesia dedicada a san José». La primera construcción, probablemente de época bizantina, fue destruida en el curso del siglo XII y sobre sus restos se edificó posteriormente una iglesia cruzada. El lugar fue adquirido por los franciscanos en 1754 y, entre 1911 y 1914, fray Wendelin Hinterkeuser construyó allí la actual basílica con tres naves, sobre las ruinas de las iglesias anteriores. El santuario, consagrado en 1914, recuerda la vocación de José a convertirse en partícipe del proyecto de Dios para la redención del mundo y a ser testigo y custodio de la vida de la Sagrada Familia.

En este lugar, a las 17 h, el custodio de Tierra Santa, fray Pierbattista Pizzaballa, ha presidido la santa misa solemne de la vigilia de la fiesta de san José. Llegado con antelación al inicio de la celebración, el custodio fue recibido en la plaza de la Basílica de la Anunciación por una asamblea festiva de fieles, peregrinos y grupos de exploradores locales. Una vez realizado el rito de la vestición en la entrada de la iglesia dedicado al santo, fray Pierbattista se ha acercado en procesión hasta el altar mayor para celebrar la eucaristía en latín y en árabe, junto con fray Ricardo Bustos, guardián de la Basílica de la Anunciación y de la Basílica de San José en Nazaret, y con fray Amjad Sabbara, párroco de Nazaret. Estaban también presentes en esta ceremonia solemne los frailes franciscanos de la comunidad de Nazaret junto a muchos otros frailes franciscanos llegados de otras zonas de Galilea y Jerusalén. Numerosos religiosos y religiosas de las distintas congregaciones de Tierra Santa, muchos cristianos de la comunidad árabe local y peregrinos de distinta procedencia llenaban las naves de la iglesia. La celebración ha estado animada por el coro de Nazaret, que ha interpretado la santa misa compuesta en honor de san José por fray Armando Pierucci, organista de la Custodia y director del Magníficat, la escuela franciscana de música en Jerusalén.

Al comienzo de la celebración, el custodio ha llevado a cabo un breve acto devocional descendiendo a la cripta de la basílica, meta de veneración de los peregrinos de todo el mundo. Aquí se encuentra precisamente la piscina utilizada antiguamente como fuente bautismal cuyo mosaico reproduce la simbología del bautismo con el agua y a la que se desciende a través de una pequeña escalera con 7 escalones, que representan los 7 cielos y los 7 dones del Espíritu Santo, pero que también representan la muerte redentora de Jesús, de la que después se asciende a una vida nueva. También en el mosaico, la piedra negra que en él se encuentra simboliza a Cristo, piedra angular de la vida humana.

Una vez de nuevo en el altar, el custodio ha dirigido, en inglés, unas breves palabras de saludo a todos los participantes llegados para participar en la vigilia de esta importante fiesta en la ciudad de María y de José. «José –ha subrayado fray Pierbattista- tenía sus proyectos, pero Dios le pidió que cambiara dichos proyectos y le llamó a acoger una nueva misión y convertirse en padre terreno de Jesús. Y José aceptó responsablemente esta misión, en silencio y en obediencia a la voluntad de Dios». Esta es «la escuela» de la Sagrada Familia de Nazaret.

La figura y el ejemplo de san José han estado también en el centro de la homilía pronunciada en árabe por fray Amjad Sabbara. Inspirándose en el texto evangélico propuesto por la liturgia (Mt 1,16.18-21.24a), en el que se describe la llamada a José en sueños por parte de Dios y su disponibilidad, que «hizo como le había ordenado el ángel del Señor», fray Amjad ha explicado cómo, en el evangelio, José se presenta con un único título, el de «hombre justo». Como Jesús, Hijo de Dios, que fue educado en la familia de Nazaret y aprendió seguramente muchas cosas de este hombre justo, así también nosotros estamos llamados a seguir humildemente el modelo de esta Sagrada Familia. Y cuando, en el padrenuestro, se recitan las palabras «hágase tu voluntad», no nos podemos olvidar de que san José vivió plenamente esta oración, poniendo su vida a disposición del proyecto de Dios. La vocación del hombre no es la de la existencia ordinaria, mediocre, sino la de vivir la llamada de Dios, escuchar su Palabra, conocerle y vivir en comunión con Él. Por eso, quien busca la paz del corazón debe seguir la escuela de san José, «hombre justo», que supo vivir con plenitud los mandamientos de Dios y reconocer los signos de los tiempos. Fray Amjad posteriormente invocó la intercesión de san José para que, en este día tan especial, asegure la protección a las familias y siga siendo un modelo para todos los padres de familia, ayudando a las familias a experimentar la paz y la comunión que reinaban en la Familia de Nazaret. Finalmente, el párroco ha presentado, en nombre de la Custodia, las condolencias a la Iglesia copta de Tierra Santa cuyo patriarca fue llamado a la casa del Padre la noche anterior.

Al finalizar la santa misa se ha celebrado la tradicional procesión en la que el custodio, seguido por un centenar de frailes, ha llevado solemnemente el icono de san José desde el santuario dedicado a él, que recuerda el lugar en el que vivió y trabajó, hasta la Basílica de la Anunciación, depositando la imagen en la gruta, en la parte inferior de la iglesia, donde hace tiempo estaba la casa de María. Un itinerario usual que, seguramente, unió a los dos santos esposos hace dos mil años. En la gruta se ha leído el texto del evangelio de san Lucas que narra el anuncio del arcángel san Gabriel a la Virgen de Nazaret (Lc 1, 26-31). De rodillas ante la gruta, el custodio ha dirigido la súplica en nombre de toda la Iglesia, pidiendo la intercesión de san José y de su Inmaculada esposa y elevando una oración especial por la Custodia franciscana de Tierra Santa, llamada a custodiar los Santos Lugares donde ocurrieron los misterios de la redención y a servir a la Iglesia, los santuarios y a los cristianos locales y peregrinos de todo el mundo. Finalmente, fray Pierbattista, teniendo en sus manos el icono de san José, ha impartido la bendición solemne a la numerosa comunidad que ha participado en esta sugerente ceremonia. Ha seguido el tradicional beso al icono.

La figura de san José es una figura preciosa para toda la cristiandad; un culto difundido por todo el mundo que encuentra sus raíces en Nazaret, donde los primeros cristianos conservaron el recuerdo de la Sagrada Familia y de su simplicidad y santidad de vida. Una devoción profunda que encontró su primera consagración oficial precisamente por parte de los franciscanos. En 1399, durante el Capítulo General de la Orden en Asís, decidieron celebrar cada año la fiesta de san José, fijándola para el 19 de marzo, una decisión que posteriormente fue confirmada por el papa Sixto V, también él perteneciente a la familia franciscana. También el papa Juan Pablo II, el 15 de agosto de 1989, dirigió a la comunidad cristiana la exhortación apostólica Redemptoris Custos, sobre la figura y misión de san José. Un hombre sencillo pero valiente que supo hacer de su casa y de su familia una verdadera escuela del Evangelio, custodió y penetró el sentido profundo de la presencia de Jesús en el mundo y ofreció el primer humilde fundamento de la Iglesia universal, de la que aún hoy es custodio y patrono.

Texto de Caterina Foppa Pedretti
Fotos de Miroslaw Jadlosz