La Casa del Niño: una familia incluso en tiempo de pandemia

“He vuelto a encontrar una familia, con hospitalidad y bondad, la verdadera, reservada a los que se quiere”.  Así comenta su regreso a Belén fray Sandro Tomašević, después de algunos años de servicio como vicepárroco en la parroquia de San Salvador, situada en la ciudad vieja de Jerusalén. Un servicio especial aquel al que fue destinado: de hecho, es el nuevo responsable de la Casa del Niño.

Nacida de la necesidad de dar respuesta al grito silencioso de los niños en situaciones familiares difíciles, la Casa del Niño, en el umbral de su decimocuarto año de actividad, ofrece acogida tanto residencial como no residencial a niños y adolescentes entre 6 y 18 años para darles una alternativa válida a una vida cotidianaque a menudo transcurre en entornos complicados.  A pesar de la pandemia y la normativa por el COVID-19, 9 jóvenes residen de manera permanente en la Casa y a ellos se suman entre veinte y treinta chicos que asisten durante el día.

El proyecto surgió de una idea del actual párroco de San Salvador en Jerusalén, fray AmjadSabbara, que en su visita anual para bendecir las casas de los feligreses percibió algunas situaciones que necesitaban ayuda: algunos niños tenían que lidiar con el divorcio de sus padres, otros afrontaban problemas de adicción a sustancias en la familia, hasta algunos casos de violencia doméstica de distinto tipo.

En su origen, se pensó simplemente en un programa extraescolar que permitiera a los niños estudiar en un ambiente diferente al de su hogar, con objetivos concretos: darse cuenta de la necesidad de realizar proyectos personales, pero tambiéncreer en la posibilidad de tener un futuro próspero. Poco después de su puesta en marcha, fray Amjad fue trasladado y su lugar lo ocupó fray MarwanDi’des, que decidió vincular este proyecto a la realidad de la escuela de la que ya era responsable. Así, con el consenso del Custodio de entonces, S.B. PierbattistaPizzaballa, se convirtió en un proyecto residencial apoyado por la Fundación Franciscana para Tierra Santa. Desde entonces, los niños empezaron a vivir de forma estable allí desde el lunes al sábado por la tarde, como si fuese su propia casa.

“Cada paso en nuestra vida franciscana es un reto” cuenta fray Sandro. “No tenemos una vida sedentaria, así que regresar de nuevo a Belén después de unos años no me asustaba. Aquí he vuelto a encontrar una familia, con la hospitalidad y la bondadreservadas a los que se quiere”.  Aunque el Covid-19 ha requerido varias medidas de seguridad, la vida dentro de la Casa del Niño continúa de manera casi normal también con fray Tomašević: son varias las actividades que animan la vida de los chicos que viven allí, deporte, paseos, pero también encuentros con otras realidades locales como la Sociedad Bíblica y la Casa familiar francesa para jóvenes.

Hace poco se inauguró una novedad, comisariada por el responsable anterior, fray EmadRofael: se ha renovado la capilla con pinturas del artista local AntoniosAnoun, tituladas “la familia celestial”. “Antes era una sala polivalente” cuenta fray Sandro, los chicos la utilizaban también para estudiar o reunirse, mientras que ahora se dedica exclusivamente a capilla para la oración y la misa.  Hablando de familia, quiero recordar que, en mi opinión, la existencia de este lugares fundamental porque de aquí es de donde sacamos la fuerza para ser una familia”.

Recientemente se ha reactivado la página de Facebook en lengua árabe: en esta página se publican sobre todo las sesiones formativas que se ofrecen a los jóvenes. “Debemos trabajar en cómo ser siempre un ejemplo”, concluye fray Sandro, “pero vivir aquí no es solo estudio: se necesita mucho cariño y mucho amor para dar, ¡y eso, a menudo falta!

 

 

Giovanni Malaspina