Jerusalén: conmemoración de los fieles difuntos

El 2 de noviembre, conmemoración de los fieles difuntos, es un día importante en todo el mundo católico. También este año para la parroquia latina de San Salvador, situada en el corazón de la ciudad vieja de Jerusalén, fue una fecha importante en la que el recuerdo de los difuntos se mezcló con las tradiciones locales.

La mañana comenzó con una celebración eucarística privada, en memoria de los frailes fallecidos. A continuación, la celebración parroquial presidida por fray Amjad Sabbara, párroco de San Salvador, y concelebrada por el Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton, y el guardián de San Salvador, fray Marcelo Cichinelli, en presencia de los frailes franciscanos del mismo convento y de los pocos cristianos locales que pudieron participar.

Durante la homilía, fray Amjad habló de vivir la vida con Cristo, para “renacer de lo alto” como Jesús sugería a Nicodemo.  “¿De qué manera podemos hacerlo? La única vía es la eucaristía, que nos llena y nos abre a la vida eterna y nos ayuda a comprender el sentido de la vida terrena”, dijo fray Sabbara. “Viviendo con Cristo, según la enseñanza de las Bienaventuranzas”, subrayó el párroco, “podemos estar seguros de que en el momento de nuestra partida será Él mismo quien nos acompañe, como dice el evangelio de San Juan: “… me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros” (Jn 14, 2-3).  Este es el sentido de esta espera, este el sentido de la muerte: la vida eterna”.

Después de la misa, guiados por los kawas, un pequeño grupo de frailes franciscanos procedió a la tradicional breve procesión hasta los tres cementerios del Monte Sion: el de los frailes, el de los extranjeros y, finalmente, el de los parroquianos.  En cada uno de ellos tuvo lugar un momento de oración seguido de la bendición de las tumbas y la aspersión del agua bendita.  Varios fieles locales realizaron la tradicional visita a las tumbas de sus seres queridos, para dejar una flor o una vela encendida en señal de recuerdo.

Una jornada especial, sobre todo por el momento en que nos encontramos debido a la pandemia del coronavirus.  “El miedo a esta realidad facilita el retorno al Señor”, explicó fray Amjad. “A través del miedo, se está redescubriendo el sentido pleno de la vida, que se abre a la esperanza. No es fácil, sobre todo para aquellas familias que han perdido a algún miembro por el coronavirus”.

 

Giovanni Malaspina