Betfagé: conmemoración de la entrada de Jesús en Jerusalén

Al acercarse la Semana Santa, el sábado 9 de abril, fieles a la costumbre consolidada de las liturgias jerosolimitanas, los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa peregrinaron a Betfagé, en el lado este del Monte de los Olivos, donde el padre Piermarco Luciano, vicemaestro de formación y secretario del próximo Capítulo custodial, celebró la santa misa propia del santuario.

Aquí, como en la época bizantina, desde 1883 se alza una iglesia que recuerda dos acontecimientos evangélicos: el encuentro de Jesús con Marta y María (Jn 11, 20-30), poco antes de llegar a Betania, un pueblo cercano, para llamar del sepulcro a su hermano Lázaro, arrancándolo de la muerte (Jn 11, 38-44), y el comienzo de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, entre las aclamaciones festivas de los niños y las multitudes, agitando palmas (Lc 19, 29-40).

 Algunas pinturas, realizadas en época de las cruzadas en los lados de una piedra, encontrada en 1870 y conservada al pie del presbiterio, nos narran estos hechos y dan testimonio de la devoción de cristianos y peregrinos.

El texto evangélico proclamado centró la atención de la asamblea en Jesús que, como manso rey de paz, montado en un pollino, hijo de asna, llega a Jerusalén para ofrecer su vida por la salvación de los hombres.

Don Carlo Giuseppe Adesso, en su homilía, invitó a los fieles presentes a escuchar de nuevo el canto exultante de la muchedumbre «Bendito el que viene, el rey, en nombre del Señor. Paz en el cielo y gloria en las alturas» y lo releyó como eco del canto de los ángeles en la noche del nacimiento de Jesús «Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad»: la Encarnación y la entrada solemne de Jesús en Jerusalén unidas por el mismo himno de júbilo, por el mismo clima de alegría, por la misma profesión de fe.

Un canto, continuó el predicador, que volvemos a encontrar en la liturgia de la Iglesia:

“El Gloria y el Sanctus, eco del grito que floreció precisamente aquí, en Betfagé, han permanecido por eso en la santa misa en dos momentos cruciales, en dos puntos fundamentales.

El Gloria prepara la entrada de Cristo, que nos enseña con su Palabra (…) El Sanctusnos conduce al corazón de la santa misa: la consagración”.

El domingo 10 de abril por la tarde, como recordó el Superior de la comunidad, el padre Silvio de la Fuente, imitando a las antiguas multitudes de Jerusalén una vez más, encabezará desde Betfagé la gran procesión del Domingo de Ramos y de la Pasión del Señor.

 

mons.Vincenzo Peroni