El bautismo de Jesús en el río Jordán

De Belén al río Jordán: así concluyen las fiestas navideñas para los frailes de la Custodia de Tierra Santa. El primer domingo después de la Epifanía caía este año el 7 de enero y es la misma fecha en la que se celebra la solemnidad del Bautismo del Señor. El calor y el fuerte sol en las orillas del río Jordán no parecían invernales, cuando una larga procesión llegaba al río. La zona está hoy parcialmente cerrada debido a la presencia de minas que hay que eliminar, pero el acceso al río está asegurado.
Como ya es tradicional, sin embargo, antes de dirigirse en procesión al Jordán, los frailes de la Custodia y los parroquianos de Jerusalén hacían una parada en Jericó, en el jardín de la escuela de Tierra Santa. El Custodio de Tierra Santa se encontraba allí con las autoridades locales, el alcalde de Jericó y el jeque. «Como recordáis, Jesús pasó por esta ciudad muchas veces – dijo fray Patton -. Y como él, este año muchos peregrinos han pasado por este lugar». «Con motivo de esta fiesta hoy – añadió – queremos celebrar el bautismo de Jesús y rezar por el bienestar de todos los habitantes de Jericó, por la prosperidad de esta ciudad y por la paz». El Custodio recordaba que Jericó es un lugar ejemplar por la cooperación entre las comunidades locales y los franciscanos de la Custodia y que los frailes son muy queridos por todos. Tradujo sus palabras fray Marido Hadchity, superior de Jericó.

A orillas del río Jordán cientos de personas esperaban desde la mañana temprano. Después de la procesión se celebró la misa al aire libre frente al río. “Por aquellos días, llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán”, se proclamaba en el Evangelio. Era un día de inmensa alegría, también por el bautismo del pequeño Matías, hijo de una pareja local.
«Hoy tenemos una ocasión especial para recordarnos que, a través de nuestro bautismo, nos convertimos en hijos de Dios», decía fray Patton. En la homilía en árabe, fray Mario habló de Juan Bautista y de Jesús. Jesús era amigo del que le bautizó, por eso fray Mario señalaba que «hay que preguntarse por la amistad y si somos o no amigos verdaderos». Además, igual que Juan reconoció que Jesús era más fuerte que él, también «nosotros tenemos que reconocer a Jesús y aprender a conocerlo, porque no seguimos a las personas que no conocemos». Toda la homilía fue un examen de conciencia sobre el ejemplo de Juan y de Jesús. «Juan se reconoció a sí mismo, no como muchos que quieren imitar a los demás. Jesús no quiere eso, sino que nos presentemos realmente como somos, con nuestros límites», afirmaba el fraile.

Entre los asistentes se encontraban muchos grupos parroquiales, religiosas y peregrinos. Una mujer de Ramala explicaba que no había participado nunca en la fiesta y había querido aprovechar la oportunidad este año. «Ha sido una bonita celebración que he compartido con toda mi familia», contaba su madre, mientras colocaba a su nieto en la sillita.
«Me ha emocionado profundamente celebrar esta fiesta aquí en Tierra Santa, en el río Jordán. Casi podía imaginar a Jesús y Juan en estas aguas. Pero no podía imaginar la alegría que he sentido», afirmaba una peregrina.
El mismo día, inmediatamente después de dejar el río Jordán, los parroquianos y los frailes se dirigían al monasterio greco-ortodoxo de la Cuarentena. En ese paraje desértico, frente a ese paisaje extraordinario, Jesús, según la tradición, fue tentado por el diablo. Así se recordaba el comienzo de ministerio de Jesús con el bautismo, el reconocimiento de Juan y las tentaciones del diablo, a las que resistió Jesús.
Los frailes leyeron el texto de las tentaciones en diferentes idiomas y después hubo un momento para la oración personal. Una nueva peregrinación, por tanto, para caminar por donde vivió Jesús hace dos mil años y seguir caminando hoy por la vía que Él nos enseñó.

Beatrice Guarrera